Primeras manifestaciones y advocación en Italia y España
Los primeros testimonios de veneración a la Virgen bajo el título de Virgen de la Gracia aparecen en la Italia medieval, donde los fieles acudían a santuarios dedicados a María como protectora de los necesitados. En el sur de Italia, el santuario de Benevento se convirtió en un foco importante de esta devoción; allí, el Papa Juan Pablo II recordó a la Vergine delle Grazie como «madre santísima de las gracias» que intercede continuamente por los fieles1. En la península ibérica, la proliferación de capillas y parroquias bajo este nombre refleja la profunda afinidad del pueblo español con la imagen materna de la misericordia.
Reconocimiento papal y documentos magisteriales
El magisterio de la Iglesia ha subrayado la importancia de esta advocación. En la encíclica Magnae Dei Matris (1892), el Papa León XIII describió a María como «la Madre de la misericordia que dispensa gracia con una mano generosa»2. Más tarde, el Papa Pío X afirmó que María, aunque no posee una potencia productiva de gracia propia, es «la suprema ministra de la distribución de gracias» al estar unida a Cristo en la redención3. El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 969) también reconoce a la Virgen bajo los títulos de Defensora, Auxiliadora, Benefactora y Mediadora4, reforzando su papel como intercesora eficaz para los fieles.
