El término «Nuevo Testamento» proviene del latín testamentum, que traduce el griego diatheke. Originalmente, diatheke en el ámbito profano se refería a una disposición legal de bienes después de la muerte. Sin embargo, los traductores de la Septuaginta, la versión griega del Antiguo Testamento, lo emplearon para traducir el hebreo berith, que significa pacto o alianza, especialmente la alianza de Yahvé con Israel1.
San Pablo utiliza la expresión «nuevo testamento» para referirse a la alianza establecida por Jesucristo entre Dios y la humanidad, contrastándola con la antigua alianza mediada por Moisés (1 Corintios 11:25)1. Con el tiempo, el nombre «testamento» se aplicó a la colección de textos sagrados que contienen la historia y la doctrina de estas dos alianzas, dando origen a la distinción entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. La expresión «Antiguo Testamento» (he palaia diatheke) aparece por primera vez alrededor del año 170 en Melitón de Sardes, y el término latino «testamentum» ya era común en tiempos de Tertuliano1.

