El nuncio apostólico se distingue de otros enviados papales, como los legados o colectores, por varias características específicas:
Oficio definido y limitado: Su jurisdicción está claramente delimitada a una nunciatura específica, donde debe residir.
Misión general: Su labor abarca todos los intereses de la Santa Sede.
Permanencia: Es un cargo duradero que requiere el nombramiento de un sucesor cuando el titular es retirado.
Poderes duales: Su misión incluye tanto facultades diplomáticas como eclesiásticas.
En su rol, el nuncio es un punto de referencia que lleva la cercanía del Papa a los pueblos y las Iglesias locales, y a su vez, transmite las necesidades, reflexiones y aspiraciones de estas a la Santa Sede. Son considerados el «ojo vigilante y lúcido del Sucesor de Pedro para la Iglesia y el mundo».
Funciones Diplomáticas
Como representantes diplomáticos del Papa, los nuncios tratan con los soberanos o jefes de Estado ante quienes están acreditados. Reciben credenciales especiales e instrucciones, tanto públicas como privadas, así como un código secreto, y gozan de los mismos privilegios que los embajadores.
Una distinción particular de los nuncios es que son ex officio decanos del cuerpo diplomático dentro de su nunciatura, lo que les otorga precedencia sobre todos los demás representantes diplomáticos en ocasiones públicas. Este privilegio fue reconocido por el Congreso de Viena en 1815 y se observa universalmente.
Su labor diplomática se enfoca en promover la paz, la verdad, la justicia, la libertad y la solidaridad entre los pueblos, combatiendo la pobreza y fomentando el desarrollo humano integral.
Funciones Eclesiásticas y Pastorales
Además de su posición diplomática, los nuncios poseen jurisdicción eclesiástica. El Concilio de Trento estableció que los enviados papales no debían impedir la labor de los obispos ni perturbar su jurisdicción ordinaria, actuando solo si el obispo se mostraba negligente.
El nuncio es también un pastor, y su servicio a la Iglesia en el país al que es enviado debe ser una auténtica presencia pastoral, no limitarse a una fría intermediación burocrática. Debe sentirse fraternalmente cercano a los pastores de las Iglesias locales, compartiendo sus preocupaciones apostólicas a través de la oración, el testimonio y las formas de ministerio que sean útiles para el Pueblo de Dios, respetando la responsabilidad individual de cada obispo. Este ministerio fortalece el vínculo entre las dimensiones particular y universal de la Iglesia, ayudando al Sucesor de Cristo a apacentar su rebaño y contribuyendo al crecimiento de las Iglesias particulares.
El papel del nuncio ha evolucionado, pasando de ser principalmente un representante jerárquico y administrativo ante gobiernos y diócesis a poner un acento más pastoral en su trabajo, sirviendo al Reino de Dios en la tierra.