El obispo, al ser constituido miembro del cuerpo episcopal mediante la consagración sacramental y la comunión jerárquica con la cabeza y los miembros del colegio, asume tres funciones principales: enseñar, santificar y gobernar,.
Función de enseñar (Munus Docendi)
Cada obispo recibe la misión fundamental de proclamar autorizadamente la Palabra de Dios. Por virtud de su ordenación sagrada, es un auténtico maestro que predica la fe al pueblo confiado a su cuidado, tanto lo que debe creerse como lo que debe practicarse en la vida moral,. En esta tarea, el obispo es un testigo de la verdad divina y católica, y los fieles están obligados a someterse a sus decisiones en materia de fe y moral con un asentimiento religioso de la mente.
El obispo tiene la responsabilidad de custodiar e interpretar la Palabra de Dios y de juzgar autorizadamente lo que está o no en conformidad con ella,. Su enseñanza individual se ejerce en comunión con el Romano Pontífice y con los demás obispos, lo cual es una condición para su autenticidad. El Magisterio de la Iglesia, al cual pertenecen los obispos, no añade nada a la Revelación, sino que la clarifica a través del desarrollo dogmático, actuando como intérprete auténtico de la Palabra de Dios,.
En la ordenación episcopal, el Libro de los Evangelios se coloca abierto sobre la cabeza del obispo electo, simbolizando que su ministerio está abrazado por la Palabra y que su vida debe estar completamente sometida a ella.
Función de santificar (Munus Sanctificandi)
Los obispos son los principales dispensadores de los misterios de Dios,,. Disfrutan de la plenitud del sacramento del Orden y de ellos dependen los presbíteros y diáconos en el ejercicio de su autoridad. Su servicio a la verdad tiene una aplicación primordial en la vida litúrgica de su diócesis.
Es tarea del obispo regular, dirigir, promover y guardar toda la vida litúrgica de la Iglesia particular que le ha sido encomendada,,. Deben esforzarse constantemente para que los fieles conozcan y vivan más profundamente el misterio pascual a través de la Eucaristía, que es la «fuente y cumbre de la vida cristiana»,,. El obispo es el único ministro ordinario del sacramento de la Confirmación y dirige la administración del Bautismo, la disciplina penitencial y la distribución regular y fructífera de los demás sacramentos,.
Además, los obispos deben fomentar la santidad entre el clero, los religiosos y los laicos, dando ejemplo de caridad, humildad y sencillez de vida,.
Función de gobernar (Munus Regendi)
El obispo es el pastor propio, ordinario e inmediato de la porción del Pueblo de Dios que le ha sido confiada, es decir, la diócesis. Esta diócesis, al adherirse a su pastor y ser reunida por él a través del Evangelio y la Eucaristía en el Espíritu Santo, constituye una Iglesia particular en la que la Iglesia de Cristo está verdaderamente presente.
El obispo ejerce una potestad ordinaria, propia e inmediata necesaria para su ministerio pastoral, aunque su ejercicio está sujeto a las leyes universales de la Iglesia y a los casos reservados a la autoridad suprema. Esta capacidad de gobierno incluye el ejercicio del magisterio auténtico y es inherente a la realidad misteriosa de la Iglesia.
Es su derecho y deber prevenir abusos en la disciplina eclesiástica, especialmente en lo que respecta al ministerio de la palabra, la celebración de los sacramentos y sacramentales, y el culto a Dios,. Los obispos, en comunión con el Sucesor de Pedro, deben guiar al rebaño con firmeza y caridad para que la fe católica sea salvaguardada y celebrada con dignidad en todas partes.