Origen y extracción
Durante una de las restauraciones de la Basílica de San Pedro en el siglo XX, una pequeña piedra fue retirada y descrita por el Papa Pablo VI como «una piedra sencilla… que lleva en sí misma olor de cercanía a la tumba del primer Apóstol»1. Esta piedra, posteriormente conocida como el óbolo de San Pedro, fue enviada como recuerdo sagrado a comunidades católicas, simbolizando la unión entre la Sede Apostólica y los fieles alrededor del mundo.
Desarrollo de la devoción
El Papa Juan Pablo II, en su discurso al Circolo San Pedro en 1984, destacó la importancia del óbolo como signo expresivo de la devoción al Papa y a la Iglesia, subrayando que el «Obolo de San Pedro… constituye un aporte muy apreciado para las obras de caridad»2. Desde entonces, la piedra ha sido conservada como reliquia y utilizada en actos litúrgicos que buscan reforzar la fe y la caridad.
