Obras de misericordia corporales
Las obras de misericordia corporales constituyen un conjunto de siete acciones concretas de caridad cristiana orientadas a aliviar las necesidades físicas y materiales del prójimo, según la tradición de la Iglesia católica. Inspiradas directamente en las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo (Mt 25,31-46), estas obras forman parte esencial de la vida cristiana, recordándonos que servir al necesitado es servir a Cristo mismo. La doctrina católica las presenta como precepto divino y natural, vinculadas a la virtud de la misericordia, y las distingue de las obras espirituales, aunque ambas se complementan para el bien integral del ser humano.1,2,3
Tabla de contenido
Definición y origen doctrinal
Las obras de misericordia corporales se definen como actos de compasión que buscan remediar las miserias del cuerpo humano, motivados por la caridad y la justicia. La virtud de la misericordia, según santo Tomás de Aquino, es un don especial que mueve la voluntad a socorrer el mal ajeno, especialmente cuando este es involuntario.2 Esta enseñanza se remonta a la tradición patrística y escolástica, donde se enumeran tradicionalmente en siete, coincidiendo con formas de limosna que responden al mandato evangélico de amar al prójimo como a uno mismo.
El origen de esta enumeración se encuentra en la Escritura, particularmente en el juicio final descrito por Jesús, donde se enfatizan seis de ellas explícitamente, aunque la tradición añade la séptima por su arraigo en la práctica cristiana antigua.4 La Iglesia las ha codificado en catecismos y encíclicas, considerándolas no solo consejo evangélico, sino precepto de ley natural y divina, obligatorio semper sed non pro semper, es decir, siempre pero no en todo momento, según las circunstancias.2 Fuentes como el Catecismo de Baltimore y la Enciclopedia Católica las listan de manera idéntica, subrayando su carácter universal.1,2
Las siete obras de misericordia corporales
La tradición católica identifica siete obras específicas, que abordan las principales carencias corporales: hambre, sed, desnudez, desamparo, enfermedad, encarcelamiento y muerte. Cada una se explica a continuación con su fundamento y aplicación.
Dar de comer al hambriento
Esta obra implica proporcionar alimento a quienes carecen de él por pobreza o desgracia. Jesús la menciona en primer lugar en el pasaje del juicio final: «Tuve hambre, y me disteis de comer» (Mt 25,35). Santo Tomás comenta que es una necesidad básica dictada por la naturaleza, y su omisión revela falta de caridad elemental.4 En la práctica, incluye donar comida, apoyar comedores sociales o ayudar en emergencias como hambrunas.
Dar de beber al sediento
Similar a la anterior, se dirige a la necesidad de agua o bebida refrescante. El Señor la asocia directamente consigo: «Tuve sed, y me disteis de beber» (Mt 25,35). Tradiciones como el Catecismo de Baltimore la destacan como obra esencial.1 Hoy, se aplica en contextos de sequía, migración o accesibilidad al agua potable en regiones desfavorecidas.
Vestir al desnudo
Proveer ropa a quien la ha perdido por robo, desastre o pobreza extrema. «Estuve desnudo, y me vestisteis» (Mt 25,36). La Enciclopedia Católica la enumera entre las tradicionales, vinculándola a la dignidad humana.2 Ejemplos contemporáneos incluyen bancos de ropa o ayuda a víctimas de incendios.
Albergar al desamparado o peregrino
Ofrecer techo a los sin hogar, refugiados o viajeros. Formulada como «albergar al harborless» en textos antiguos, equivale a acoger al extraño: «Fui forastero, y me recogisteis» (Mt 25,35). El Catecismo de la Iglesia Católica la adapta como «dar posada a los peregrinos y a los desamparados».3 Órdenes religiosas como los trinitarios históricamente la practicaron.2
Visitar al enfermo
Atender a los aquejados por dolencias físicas, proporcionando cuidados o consuelo. «Estuve enfermo, y me visitasteis» (Mt 25,36). Papa Francisco en Misericordiae Vultus la urge como «curar a los enfermos», enfatizando la solidaridad en la fragilidad.5 Incluye voluntariado hospitalario o cuidado familiar.
Visitar al preso o redimir al cautivo
Consolar y asistir a los encarcelados, o históricamente, rescatar a cautivos. «Estuve en la cárcel, y vinisteis a verme» (Mt 25,36). Algunas fuentes dicen «redimir al cautivo», aludiendo a esclavos o prisioneros de guerra, como hicieron las órdenes de la Merced y Trinitarios.1,2 Hoy, se centra en visitas penitenciarias y defensa de derechos humanos.
Enterrar a los muertos
Dar sepultura digna a los fallecidos, honrando su cuerpo como templo del Espíritu. Aunque no mencionada explícitamente en Mt 25, la tradición la incluye como séptima, completando el ciclo vital.4 El Catecismo de Baltimore la confirma.1 Implica ritos funerarios cristianos y respeto a los olvidados.
Fundamento bíblico y teológico
El pilar scriptural es Mt 25,31-46, donde Cristo identifica su persona con los necesitados: «En cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí lo hicisteis» (Mt 25,40).2,3,4 Otros textos como Is 58,7 («reparte tu pan con el hambriento») y Pr 25,21 refuerzan esta llamada.4 Teológicamente, son expresión de la caridad, que «es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios» (CCC 1822). Su omisión conlleva juicio eterno.2,6
Santo Tomás explica que, aunque Jesús nombra seis, la séptima se infiere, y todas engloban buenas obras.4 La ley natural («haced a los demás lo que queráis que os hagan») las impone.2
Diferencia con las obras de misericordia espirituales
Mientras las corporales atienden al cuerpo, las espirituales socorren el alma: instruir al ignorante, aconsejar al dudoso, amonestar al pecador, perdonar injurias, consolar afligidos, soportar pacientemente y rezar por vivos y difuntos.2,7 Ambas son complementarias, como indica el CCC: «acciones caritativas por las que venimos en ayuda de nuestro prójimo en sus necesidades espirituales y corporales».3 Papa Juan Pablo II en Dives in misericordia las une en la práctica de la misericordia evangélica.8
| Aspecto | Obras corporales | Obras espirituales |
|---|---|---|
| Enfoque | Necesidades físicas (hambre, enfermedad, etc.) | Necesidades del alma (ignorancia, pecado, aflicción) |
| Ejemplos bíblicos | Mt 25,31-46 | Mt 18,15 (corrección fraterna); Mt 6,14 (perdón) |
| Obligatoriedad | Precepto según necesidad y capacidad | Similar, con reservas prudenciales |
En el Magisterio y la tradición de la Iglesia
El Magisterio ha exaltado estas obras repetidamente. El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2447) las resume como testigos de la caridad fraterna.3 Encíclicas como Rerum Novarum de León XIII vinculan almsgiving con justicia social.9 Pío XI en Divini Redemptoris las opone al egoísmo materialista.6 Francisco, en el Jubileo de la Misericordia, las revive: «descubramos estas obras de misericordia corporal».5
Órdenes como la Merced (fundada por san Pedro Nolasco) se especializaron en redimir cautivos.2 En catecismos ucranianos y de Baltimore, se enseñan como obligación para la salvación.1,7
Aplicación en la vida contemporánea
En el mundo actual, estas obras responden a crisis como migraciones, pandemias y desigualdad. Albergar inmigrantes, visitar enfermos de COVID o dar de comer en bancos de alimentos son ejemplos vivos. La Iglesia promueve su práctica mediante Cáritas, Hospitalidad Nocturna o voluntariado penitenciario. Requieren discernimiento: según la capacidad y gravedad de la necesidad, sin perjuicio propio.2,10 Papa Pío XII en Mystici Corporis Christi urge su ejercicio colectivo en tiempos de guerra.11
Conclusión
Las obras de misericordia corporales no son meras filantropía, sino camino de santificación y criterio de juicio eterno. Practicarlas transforma la sociedad y acerca al corazón de Cristo, misericordioso con los pobres. Como enseña la tradición, quien las realiza con espíritu sobrenatural contribuye a la construcción del Reino, recordando que «bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7).
Citas
Lección decimonovena. Sobre la confesión, Tercer Concilio Plenario de Baltimore. Un Catecismo de la Doctrina Cristiana (El Catecismo de Baltimore n.º 3), § 819 (1954). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6
Obras de misericordia corporales y espirituales, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Obras de misericordia corporales y espirituales (1913). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8 ↩9 ↩10 ↩11 ↩12 ↩13
Sección dos: los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2447 (1992). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Capítulo 25, Tomás de Aquino. Comentario sobre Mateo, § 25:40 (1272). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6
Papa Francisco. Misericordiae Vultus – Bula de indicción del Jubileo Extraordinario de la Misericordia (11 de abril de 2015), § 15 (2024). ↩ ↩2
Papa Pío XI. Divini Redemptoris, § 47. ↩ ↩2
Parte tres - La vida de la Iglesia - IV. Sociedad transfigurada en la Iglesia (el quinto, séptimo, octavo y décimo mandamiento de Dios) - C. Las dimensiones sociales de la Iglesia - 2. La dimensión social del amor cristiano, Sínodo de la Iglesia Católica Ucraniana Greco‑Católica. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo – Nuestro Pascha, § 937 (2016). ↩ ↩2
B14. La Iglesia busca poner en práctica la misericordia, Papa Juan Pablo II. Dives in Misericordia, § 14. ↩
Papa León XIII. Rerum Novarum, § 22 (1891). ↩
Lección decimonovena. Sobre la confesión, Tercer Concilio Plenario de Baltimore. Un Catecismo de la Doctrina Cristiana (El Catecismo de Baltimore n.º 3), § 820 (1954). ↩
Papa Pío XII. Mystici Corporis Christi, § 97 (1943). ↩
