La tradición católica identifica siete obras específicas, que abordan las principales carencias corporales: hambre, sed, desnudez, desamparo, enfermedad, encarcelamiento y muerte. Cada una se explica a continuación con su fundamento y aplicación.
Dar de comer al hambriento
Esta obra implica proporcionar alimento a quienes carecen de él por pobreza o desgracia. Jesús la menciona en primer lugar en el pasaje del juicio final: «Tuve hambre, y me disteis de comer» (Mt 25,35). Santo Tomás comenta que es una necesidad básica dictada por la naturaleza, y su omisión revela falta de caridad elemental. En la práctica, incluye donar comida, apoyar comedores sociales o ayudar en emergencias como hambrunas.
Dar de beber al sediento
Similar a la anterior, se dirige a la necesidad de agua o bebida refrescante. El Señor la asocia directamente consigo: «Tuve sed, y me disteis de beber» (Mt 25,35). Tradiciones como el Catecismo de Baltimore la destacan como obra esencial. Hoy, se aplica en contextos de sequía, migración o accesibilidad al agua potable en regiones desfavorecidas.
Vestir al desnudo
Proveer ropa a quien la ha perdido por robo, desastre o pobreza extrema. «Estuve desnudo, y me vestisteis» (Mt 25,36). La Enciclopedia Católica la enumera entre las tradicionales, vinculándola a la dignidad humana. Ejemplos contemporáneos incluyen bancos de ropa o ayuda a víctimas de incendios.
Albergar al desamparado o peregrino
Ofrecer techo a los sin hogar, refugiados o viajeros. Formulada como «albergar al harborless» en textos antiguos, equivale a acoger al extraño: «Fui forastero, y me recogisteis» (Mt 25,35). El Catecismo de la Iglesia Católica la adapta como «dar posada a los peregrinos y a los desamparados». Órdenes religiosas como los trinitarios históricamente la practicaron.
Visitar al enfermo
Atender a los aquejados por dolencias físicas, proporcionando cuidados o consuelo. «Estuve enfermo, y me visitasteis» (Mt 25,36). Papa Francisco en Misericordiae Vultus la urge como «curar a los enfermos», enfatizando la solidaridad en la fragilidad. Incluye voluntariado hospitalario o cuidado familiar.
Visitar al preso o redimir al cautivo
Consolar y asistir a los encarcelados, o históricamente, rescatar a cautivos. «Estuve en la cárcel, y vinisteis a verme» (Mt 25,36). Algunas fuentes dicen «redimir al cautivo», aludiendo a esclavos o prisioneros de guerra, como hicieron las órdenes de la Merced y Trinitarios., Hoy, se centra en visitas penitenciarias y defensa de derechos humanos.
Enterrar a los muertos
Dar sepultura digna a los fallecidos, honrando su cuerpo como templo del Espíritu. Aunque no mencionada explícitamente en Mt 25, la tradición la incluye como séptima, completando el ciclo vital. El Catecismo de Baltimore la confirma. Implica ritos funerarios cristianos y respeto a los olvidados.