La forma clásica del Oficio parvo contiene los elementos habituales de la oración de las horas: invocaciones iniciales, himnos, salmos, antífonas, capítulos breves, versículos, cánticos y oraciones.
Maitines
Maitines constituye la oración nocturna o de la madrugada. La celebración comienza con los versículos iniciales y la invocación:
Ave, María, gratia plena, Dominus tecum.
A continuación aparece el Venite, seguido del himno Quem terra, pontus, sidera. La hora incluye tres grupos de salmos con sus antífonas. El ciclo tradicional distribuye estos grupos según los días de la semana: un grupo corresponde a domingos, lunes y jueves; otro, a martes y viernes; y el tercero, a miércoles y sábado.
Maitines concluye con tres lecturas acompañadas de responsorios. Fuera de los tiempos de Adviento y Cuaresma, la hora incorpora el Te Deum, antiguo himno de alabanza a la Santísima Trinidad.
Laudes
Laudes expresa la alabanza matutina. Su salmodia utiliza ocho salmos del Oficio dominical, distribuidos bajo cinco antífonas. Después aparecen el capítulo breve y el himno O gloriosa Virginum.
El centro bíblico de Laudes lo ocupa el cántico de Zacarías, el Benedictus, acompañado de su antífona. La hora termina con la oración y la conmemoración de los santos.
La presencia del Benedictus vincula la alabanza mariana con el misterio de la salvación anunciado por los profetas y cumplido en Cristo. María aparece en este contexto como la mujer asociada de modo singular a la venida del Salvador.
Horas menores
Las horas menores -Prima, Tercia, Sexta y Nona- presentan una estructura común. Cada una comienza con su himno propio, Memento rerum conditor, después de los versículos iniciales. Siguen tres salmos bajo una de las antífonas utilizadas en Laudes, el capítulo breve, los versículos y la oración conclusiva.
La repetición de una estructura semejante permite santificar los diversos momentos de la jornada sin exigir la extensión de Maitines o Laudes. Tercia, Sexta y Nona evocan además la antigua costumbre cristiana de orar durante las horas del día, práctica ya relacionada con la oración apostólica.
Vísperas
Vísperas corresponde a la oración de la tarde. Incluye cinco salmos con sus antífonas, el capítulo breve, el himno Ave maris stella, un versículo y el cántico de la Virgen, el Magnificat.
El Magnificat constituye el núcleo mariano por excelencia del Oficio. En este cántico, María proclama la grandeza de Dios, reconoce su misericordia y anuncia que todas las generaciones la llamarán bienaventurada. La oración no presenta a María separada de Dios, sino como la humilde sierva que recibe y canta las maravillas de la gracia.
Completas
Completas prepara el descanso nocturno. Después de los versículos iniciales, contiene tres salmos sin antífonas, el himno Memento rerum conditor, el capítulo breve, un versículo y el cántico de Simeón, el Nunc dimittis. La hora termina con versículos, una oración y la bendición.
Tras las horas, la forma tradicional añade el Padre nuestro y la antífona mariana correspondiente al tiempo litúrgico. Estas antífonas finales constituyen uno de los rasgos más conocidos de la espiritualidad del Oficio parvo.