La presentación de los dones
La expresión tradicional ofertorio designa el momento de la misa en el que se presentan el pan y el vino, junto con otros dones destinados a las necesidades de la Iglesia y de los pobres. Sin embargo, la terminología actual de la Ordenación General del Misal Romano prefiere hablar de preparación de los dones o presentación de los dones.
La liturgia eucarística comienza con la preparación de los dones. El altar, que representa la mesa del Señor y ocupa el centro de la liturgia eucarística, recibe el corporal, el purificador, el misal y el cáliz. Después, los fieles pueden presentar el pan y el vino, que el sacerdote o el diácono recibe y lleva al altar.
La participación de los fieles en esta procesión conserva un profundo significado espiritual, aunque ya no resulte habitual que las comunidades aporten directamente el pan y el vino producidos por sus propias familias. La presentación mantiene la memoria de la antigua práctica cristiana y expresa que toda la asamblea participa en la acción litúrgica.
El pan y el vino, materia del sacrificio
El pan y el vino ocupan un lugar singular. No constituyen simples símbolos entre otros muchos dones, sino la materia sacramental de la Eucaristía. La Iglesia los presenta sobre el altar porque llegarán a ser el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
La presentación del pan y del vino actualiza sacramentalmente el gesto de Cristo en la última cena: tomó el pan y el cáliz, dio gracias y los entregó a sus discípulos. La Iglesia presenta al Padre los dones de la creación y del trabajo humano, que Cristo incorpora a su sacrificio y lleva a su plenitud.
El pan y el vino poseen también un valor representativo. Son elementos sencillos, fruto de la tierra y del trabajo humano. En ellos quedan recogidos, de manera concentrada, los dones de la creación, la actividad de las personas y la cooperación humana con la obra de Dios.
La colocación sobre el altar
El sacerdote coloca el pan y el vino sobre el altar y pronuncia las fórmulas litúrgicas establecidas. El incienso, cuando se utiliza, expresa que la oración y la ofrenda de la Iglesia ascienden ante Dios como incienso. La incensación puede abarcar los dones, el altar, la cruz, el sacerdote y el pueblo, mostrando la relación entre el sacrificio de Cristo y la participación bautismal de toda la asamblea.
La liturgia distingue cuidadosamente entre los dones destinados a la Eucaristía y los demás bienes ofrecidos para la caridad. El pan y el vino deben colocarse directamente sobre el altar; el dinero y los otros dones deben depositarse en un lugar apropiado, separado de la mesa eucarística. Esta diferencia protege la dignidad de los elementos que llegarán a ser el Cuerpo y la Sangre del Señor.,