La expresión óleo de los catecúmenos designa el aceite destinado a la unción de quienes reciben formación y preparación para el bautismo. La liturgia también lo llama óleo catecumenal. Su nombre indica tanto a quién se dirige -los catecúmenos- como el momento y la finalidad de su uso: acompañar la preparación bautismal antes de la incorporación sacramental a la Iglesia.3,4
La unción posee un significado de fortaleza y preparación. El Pontifical Romano explica que, mediante este óleo, se prolonga el efecto de los exorcismos: antes de acercarse a la fuente bautismal, quienes van a ser bautizados reciben ayuda para renunciar al diablo y al pecado. El rito no presenta el óleo como sustituto del bautismo, sino como un signo litúrgico que dispone a recibirlo.1
Este simbolismo se relaciona con el uso bíblico y cristiano del aceite como signo de consagración y fortaleza. El Pontifical Romano recuerda que reyes, sacerdotes y profetas de Israel eran ungidos, y vincula esa tradición con Cristo, cuyo nombre significa «Ungido del Señor». La liturgia cristiana, sin embargo, distingue los sentidos y usos de los distintos aceites: el óleo de los catecúmenos prepara para el bautismo; el crisma acompaña otros momentos de la iniciación cristiana y la confirmación; y el óleo de los enfermos se emplea en la unción de los enfermos.1,3


