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Óleo de los enfermos

El óleo de los enfermos es el aceite bendecido que emplea la Iglesia católica en el sacramento de la Unción de los enfermos. La unción, acompañada por la oración del sacerdote, expresa la solicitud de Cristo por quien padece una enfermedad grave y pide para él fortaleza espiritual, perdón de los pecados y, si conviene a su salvación, alivio o recuperación corporal.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreÓleo de los enfermos
CategoríaReliquia
DescripciónAceite bendecido utilizado para ungir a los enfermos graves en la liturgia católica. Aceite bendecido que emplea la Iglesia católica en el sacramento de la Unción de los enfermos. Expresa la solicitud de Cristo por quien padece una enfermedad grave y pide fortaleza espiritual, perdón y alivio
ReferenciasCarta de Santiago
Autoridad EclesialObispo o sacerdote con la facultad correspondiente.
Fecha de CelebraciónJueves Santo (Misa crismal para su bendición)
SacramentoUnción de los enfermos
TipoSantos óleos, Aceite de oliva u otro aceite extraído de plantas.
Uso LitúrgicoSe aplica en la frente y en las manos de la persona enferma durante el sacramento de la Unción.

Tabla de contenido

Naturaleza y significado

El óleo de los enfermos es uno de los santos óleos utilizados en la liturgia católica. No debe confundirse con el crisma, empleado en el Bautismo y la Confirmación, ni con el óleo de los catecúmenos, relacionado con la preparación para el Bautismo. Cada uno tiene un uso litúrgico propio: el óleo de los enfermos consuela a quienes padecen una enfermedad; el crisma expresa la incorporación a Cristo y la unción del Espíritu Santo; y el óleo de los catecúmenos acompaña la preparación bautismal.3,1

La Iglesia vincula el uso del aceite con la tradición bíblica y, especialmente, con la carta de Santiago. El apóstol aconseja que el enfermo llame a los presbíteros de la comunidad para que oren por él y lo unjan con aceite en nombre del Señor; relaciona esa oración con la salvación, el alivio y el perdón de los pecados. La Iglesia reconoce en este pasaje los elementos fundamentales del sacramento: la persona enferma, el sacerdote, el aceite bendecido, la oración y la gracia recibida.2,4

El óleo no actúa como un remedio médico ni garantiza la curación física. Su finalidad sacramental consiste en fortalecer a la persona enferma en su situación concreta. La tradición doctrinal atribuye a la Unción el perdón de los pecados, cuando la persona necesita ese perdón, el alivio y la firmeza del alma ante la enfermedad y sus dificultades. La recuperación corporal también puede producirse, pero no constituye un efecto automático: la enseñanza de la Iglesia la presenta como posible cuando resulta conveniente para la salvación de la persona.2,1

«Ofrece a los enfermos un remedio para la enfermedad del cuerpo y del alma, para que puedan soportar con valentía y luchar contra los males y obtener el perdón de los pecados».1

Esta descripción litúrgica presenta la unción como una ayuda integral: atiende a la persona enferma en su cuerpo y en su vida espiritual. Por ello, recibir el sacramento no equivale a renunciar a los cuidados médicos, sino a recibir también el acompañamiento sacramental y la oración de la Iglesia.1,2

Materia y bendición

La materia empleada es aceite de oliva o, cuando las circunstancias lo aconsejan, otro aceite extraído de plantas. El aceite debe recibir la bendición prevista para este fin antes de utilizarlo en el sacramento.5,6

El obispo bendice ordinariamente el óleo de los enfermos durante la Misa crismal, celebrada el Jueves Santo. También puede bendecirlo un sacerdote con la facultad correspondiente. La normativa litúrgica reconoce también la posibilidad de que un sacerdote bendiga el aceite en caso de verdadera necesidad. Por tanto, la bendición del óleo no corresponde indistintamente a cualquier fiel: la disciplina vigente reserva esa función a ministros con la autorización pertinente.7,6

Una vez bendecido, el aceite se guarda en un recipiente limpio y adecuado, con la cantidad necesaria para el uso pastoral. La normativa litúrgica dispone que el óleo conserve las condiciones apropiadas y se renueve en el momento oportuno; si queda aceite después de una celebración en la que un sacerdote lo bendijo durante el rito, el sobrante se elimina de forma reverente, quemando el algodón empleado para absorberlo.7

Administración en la Unción de los enfermos

El óleo se aplica durante el sacramento en la frente y en las manos de la persona enferma, mientras el sacerdote pronuncia la fórmula litúrgica. En caso de necesidad, basta una sola unción en la frente; si la condición particular del enfermo lo requiere, el sacerdote puede ungir otra parte del cuerpo que resulte más adecuada, pronunciando íntegra la fórmula.7,5

El ministro del sacramento es el sacerdote, es decir, el obispo o el presbítero. La Iglesia fundamenta esta norma en la referencia de Santiago a los presbíteros de la Iglesia y en la tradición doctrinal que identifica al sacerdote como ministro propio de la Unción.2,4

La Unción de los enfermos no está reservada exclusivamente a quienes están en los últimos momentos de vida. La enseñanza católica distingue el sacramento de una simple preparación inmediata para la muerte: también corresponde a los fieles que afrontan una enfermedad grave o una situación de salud que entraña peligro. De este modo, el óleo acompaña al enfermo en su padecimiento sin convertir la cercanía de la muerte en requisito para recibirlo.2

Tradición histórica

El uso cristiano del aceite en favor de los enfermos aparece ligado desde antiguo a la oración de la Iglesia. Santiago ofrece el testimonio bíblico fundamental, y los escritos cristianos antiguos dan cuenta de prácticas de unción acompañadas de fórmulas de oración.2,8

A lo largo de los siglos variaron las partes del cuerpo ungidas y las fórmulas empleadas. En la Iglesia romana medieval llegó a extenderse la costumbre de ungir los cinco sentidos, con una fórmula adaptada a cada uno. El rito actual simplificó esa práctica y estableció como forma ordinaria la unción de la frente y las manos, aunque admite adaptaciones previstas para circunstancias particulares.2,7

También evolucionó la disciplina sobre la bendición del óleo. Algunos testimonios históricos describen prácticas antiguas en las que personas distintas de los ministros ordenados bendecían aceite para los enfermos. En Occidente, con el tiempo, se consolidó la tendencia a reservar esa bendición a los obispos y, posteriormente, la disciplina reconoció la función de sacerdotes bajo determinadas facultades. Estas prácticas históricas no alteran la norma litúrgica vigente, que atribuye la bendición al obispo o al sacerdote autorizado y contempla la excepción de verdadera necesidad.8,6

Citas y referencias

  1. El Pontifical Romano. La bendición de los óleos y la consagración del crisma: Introducción, 2 (2016). 2 3 4 5
  2. Papa Pablo VI. Sacram Unctionem Infirmorum, 1 (1972). 2 3 4 5 6 7 8
  3. El Pontifical Romano. La bendición de los óleos y la consagración del crisma: Introducción, 1 (2016).
  4. Nota, Congregación para la Doctrina de la Fe. Nota sobre el ministro del sacramento de la unción de los enfermos, 1 (2005). 2
  5. Sagrada Congregación para el Culto Divino. Ordo Unctionis Infirmorum Eorumque Pastoralis Curae (Atención pastoral de los enfermos: Ritos de la unción y del viático), 8 (1975). 2
  6. II. El ministro, El Pontifical Romano. La bendición de los óleos y la consagración del crisma: Introducción, 8 (2016). 2 3
  7. Sagrada Congregación para el Culto Divino. Ordo Unctionis Infirmorum Eorumque Pastoralis Curae (Atención pastoral de los enfermos: Ritos de la unción y del viático), 14 (1975). 2 3 4
  8. Santos óleos, Enciclopedia Católica, Santos Óleos (1913). 2
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