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Omnisciencia divina

La omnisciencia divina es uno de los atributos esenciales de Dios en la teología católica, que afirma que Dios conoce perfectamente todas las cosas, reales y posibles, pasadas, presentes y futuras, sin limitación alguna. Este conocimiento infinito, idéntico a la esencia divina, abarca no solo los hechos contingentes y las acciones libres de las criaturas, sino también las realidades hipotéticas que nunca se realizarán. La doctrina, fundamentada en la Escritura, la Tradición y el Magisterio, resuelve aparentes contradicciones con la libertad humana mediante distinciones como el conocimiento de visión, de simple inteligencia y la scientia media, destacando la supremacía de Dios sobre el tiempo y la creación.1,2

Tabla de contenido

Definición teológica

En la fe católica, la omnisciencia divina se entiende como la posesión perfecta e infinita del conocimiento por parte de Dios, derivada de su propia esencia inmutable y eterna. Dios no aprende ni descubre nada nuevo, ya que su saber es idéntico a su ser: Dios es su propio conocimiento. Esta perfección implica que conoce plenamente a sí mismo y, en consecuencia, a todas las criaturas en su multiplicidad finita y contingente, tanto lo actual como lo meramente posible.1

El Catecismo de la Iglesia Católica subraya que Dios es la plenitud del ser y de toda perfección, sin origen ni fin, del cual dependen todas las criaturas.3 Así, la omnisciencia no es un atributo adquirido, sino inherente a la naturaleza divina, independiente de las criaturas. Dios conoce todo individualmente, lo bueno y lo malo, sin depender de causas externas, lo que preserva su supremacía absoluta.1

Fundamentos bíblicos

La Sagrada Escritura revela la omnisciencia divina a través de numerosos pasajes que describen a Dios como el que todo lo ve y todo lo sabe. En el Salmo 11, se presenta al Señor entronizado en los cielos, con una mirada penetrante que examina a los hombres, distinguiendo al justo del impío, símbolo de su omnisciencia y omnipotencia.4 Esta imagen evoca un Dios atento y providente, no distante, que interviene en la historia humana con justicia.

En el Antiguo Testamento, episodios como la bendición de Jacob a los hijos de José (Génesis 48) ilustran cómo Dios conoce y ordena el futuro más allá de las expectativas humanas: Jacob cruza las manos para bendecir al menor, Ephraim, profetizando su mayor grandeza, guiado por el conocimiento divino.5 De igual modo, en Génesis 50, José anticipa la liberación futura de Israel, confiando en que Dios cumplirá sus promesas.6

El Nuevo Testamento profundiza esta revelación con el ejemplo de Cristo, quien declara que Tiro y Sidón se habrían convertido ante los milagros realizados en otras ciudades, mostrando el conocimiento divino de futuros condicionados.2 Pasajes como el de la fe cierta en el Catecismo (CCC 157) afirman que esta omnisciencia garantiza la verdad revelada, más segura que cualquier conocimiento humano.7

Desarrollo en la Tradición patrística y medieval

Los Padres de la Iglesia enfatizaron la omnisciencia como prueba de la providencia divina. San Agustín, en sus Exposiciones sobre los Salmos, rechaza la idea de un Dios indiferente, argumentando que Él distingue al justo del impío y cuida de los asuntos humanos, contra quienes dudan de su conocimiento.8 En el Salmo 37, Agustín explica que el día del Juicio es desconocido para beneficio nuestro, preservando la vigilancia espiritual, aunque Dios lo sabe todo.9

En la Escolástica, Santo Tomás de Aquino sistematiza la doctrina. Dios conoce todas las cosas en su esencia eterna, como en un espejo perfecto. Los ángeles, al ver a Dios, conocen las criaturas según especies, pero no exhaustivamente como Él.10 Aquino distingue el conocimiento divino de los futuros condicionados, reconciliándolo con la libertad.1

Distinciones en el conocimiento divino

La teología católica emplea distinciones clave para explicar cómo Dios conoce los actos libres sin violentar la libertad humana.

Conocimiento de visión (scientia visionis)

Se refiere al conocimiento de las cosas actuales, existentes en cualquier tiempo. Dios ve eternamente lo que sucede en el tiempo, como los actos libres realizados.1 Esto incluye todo lo que ha ocurrido, ocurre o ocurrirá, conocido con absoluta certeza desde la eternidad.

Conocimiento de simple inteligencia (scientia simplicis intelligentiae)

Abarca lo meramente posible, que nunca se realiza. Dios conoce todas las posibilidades lógicas y las esencias, sin que dependa de su existencia real.1

Scientia media

Propuesta por los jesuitas y Luis de Molina, esta distinción aborda los futuros condicionados o futuribilia: acciones libres que se darían si ciertas condiciones se cumplieran, aunque no lo hagan. Cristo alude a esto al decir que Tiro y Sidón habrían hecho penitencia ante los milagros en Corazín y Betsaida.2 Aunque controvertida con los tomistas, quienes la armonizan con decretos hipotéticos divinos, la Iglesia la acepta como compatible con la omnisciencia.1,2 Hoy, es ampliamente reconocida para resolver el misterio de la predestinación y la libertad.

DistinciónObjetoEjemplo
VisiónActualesActos libres realizados1
Simple inteligenciaPosiblesEsencias no existentes1
Scientia mediaCondicionadosConversión hipotética de Tiro2

Implicaciones éticas y pastorales

La omnisciencia divina implica que Dios juzga con perfecta justicia, como en el Salmo donde condena la iniquidad con «brasas ardientes».4 En la moral, asegura que nada escapa a su mirada, exhortando a la rectitud.11 Para la fe, proporciona certeza absoluta, superior al saber humano.7

En la cosmología teológica, Dios actúa universalmente con omnisciencia, haciendo inteligibles las causas naturales sin interferir en ellas.12 Esto integra fe y ciencia: Dios conoce y ordena todo, participando su sabiduría en la creación.

El Magisterio vincula la omnisciencia a la autoridad eclesial: el Papa interpreta las Escrituras con certeza divina.13 En documentos como Sapientiae Christianae, se afirma que la Iglesia, partícipe de la autoridad divina, enseña infaliblemente.13

Objeciones y respuestas

Una objeción común es la compatibilidad con la libertad humana: si Dios lo sabe todo de antemano, ¿son libres nuestras acciones? La respuesta católica: Dios conoce eternamente los actos libres en su contingencia, sin determinarlos. La eternidad divina trasciende el tiempo.1

Otra duda: ¿conoce Dios solo lo definido o también lo hipotético? La scientia media resuelve esto, aceptada incluso por tomistas modernos.2 San Agustín reprueba a quienes niegan el cuidado divino.8

Conclusión

La omnisciencia divina revela un Dios providente, justo y amoroso, cuya mirada todo lo abarca sin menoscabo de la libertad creada. Esta doctrina, rica en distinciones teológicas, invita a la confianza filial y a la vida virtuosa, sabiendo que nada escapa a su conocimiento perfecto.

Citas

  1. La naturaleza y los atributos de Dios, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §La naturaleza y los atributos de Dios (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10

  2. Molinismo, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Molinismo (1913). 2 3 4 5 6

  3. Sección dos i. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 213 (1992).

  4. Salmo 11[10] una oración de confianza al Señor que no es indiferente al bien y al mal, Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 28 de enero de 2004, § 3 (2004). 2

  5. La New Revised Standard Version, Edición Católica (NRSV‑CE). La Santa Biblia, §Génesis 48 (1993).

  6. La New Revised Standard Version, Edición Católica (NRSV‑CE). La Santa Biblia, §Génesis 50 (1993).

  7. Sección uno «yo creo» – «creemos», Catecismo de la Iglesia Católica, § 157 (1992). 2

  8. Agustín de Hipona. Exposiciones sobre los Salmos – Salmo 73, § 16. 2

  9. Sobre la primera parte del salmo, Agustín de Hipona. Exposiciones sobre los Salmos – Salmo 37, § 1.1.

  10. Sobre el conocimiento de los ángeles – ¿Un ángel, al ver a Dios mediante su esencia, lo conoce todo? , Tomás de Aquino. Preguntas disputadas sobre la verdad, §Q. 8, A. 4, C. (1256).

  11. Encíclica del Papa León XIII sobre la naturaleza de la libertad humana, Papa León XIII. Libertas, § 27 (1888).

  12. Michael A. Hoonhout. Tomás de Aquino y la necesidad de una cosmología teológica contemporánea, § 18 (2005).

  13. Papa León XIII. Sapientiae Christianae, § 24 (1890). 2