La opción por los pobres se define como una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, que no excluye a nadie pero prioriza a quienes sufren mayores carencias materiales, sociales o espirituales.3,4 No se trata de una mera asistencia filantrópica, sino de un compromiso integral que implica reconocer en los pobres la imagen de Cristo sufriente y permitir que ellos evangelicen a la Iglesia.2,5
Entre sus características esenciales destacan:
Carácter teológico: Surge de la fe en un Dios que se hace pobre por amor a la humanidad, como enseña san Pablo: «Cristo, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para haceros ricos con su pobreza» (2 Cor 8,9).2,5
No exclusiva: El mensaje de salvación es para todos, pero los pobres reciben una atención preferencial sin generar odio o divisiones.6,7,8
Dimensión social: Influye en decisiones económicas, políticas y cotidianas, promoviendo el destino universal de los bienes y combatiendo la pobreza estructural.3,4
Evangelizadora: Los pobres son maestros de la fe; la Iglesia debe dejarse «evangelizar por ellos» y ponerlos en el centro de su camino peregrino.2
Esta opción se contrapone a visiones ideológicas que reducen a los pobres a categorías socioeconómicas, insistiendo en su dignidad como hijos de Dios.6
