Responsabilidad de toda la comunidad cristiana
La promoción de las vocaciones sacerdotales corresponde a toda la comunidad cristiana. Optatam Totius vincula el nacimiento de las vocaciones con la vitalidad de la vida cristiana: una comunidad que vive la fe, la oración y la caridad crea un ambiente favorable para que los jóvenes descubran la llamada de Dios.
La familia ocupa un lugar primordial. El decreto la presenta como una especie de «primer seminario», porque allí los hijos reciben las primeras experiencias de oración, servicio, responsabilidad y amor a la Iglesia. La parroquia completa esta educación mediante la participación de los jóvenes en la liturgia, la catequesis, la vida comunitaria y el apostolado.
La escuela, los educadores y las asociaciones católicas también deben ayudar a los jóvenes a discernir su vocación. Esta ayuda no puede convertirse en presión: el candidato debe reconocer y aceptar la llamada divina con libertad.
Testimonio de los sacerdotes
El testimonio sacerdotal constituye uno de los instrumentos más eficaces para la promoción vocacional. El decreto pide a los sacerdotes una vida humilde, laboriosa, alegre y entregada. También concede gran valor a la fraternidad entre los presbíteros y a la colaboración mutua en el ministerio.
Juan Pablo II desarrolló posteriormente esta enseñanza al presentar la vida sacerdotal como el primer estímulo para el nacimiento de nuevas vocaciones. La entrega al pueblo cristiano, la unidad fraterna, el amor a la Iglesia y el celo evangelizador ofrecen a los jóvenes un testimonio concreto de la belleza del sacerdocio.
Seminarios menores y otras instituciones
Los seminarios menores pueden ayudar a cultivar los primeros indicios de una vocación. Su finalidad no consiste en encaminar automáticamente a todos sus alumnos hacia el sacerdocio, sino en proporcionar una formación cristiana adecuada y favorecer un discernimiento libre y progresivo.
La vida cotidiana de estos centros debe adaptarse a la edad, la personalidad y el desarrollo psicológico de los adolescentes. El decreto reclama una relación equilibrada con la familia, oportunidades de contacto social y cultural, y una educación que permita continuar los estudios fuera del seminario si el alumno adopta otro estado de vida.