La oración dirige la atención al hombro de Cristo como parte de su cuerpo sufriente y como lugar vinculado, en la tradición devocional, al peso de la cruz. Su sentido espiritual consiste en contemplar la Pasión y responder al amor de Cristo con gratitud, compasión y conversión. La devoción a las heridas del Señor adquirió especial impulso en la Edad Media, en conexión con la meditación sobre los padecimientos de Jesús.1
La imagen de Cristo cargando con la cruz también aparece en la espiritualidad medieval como una invitación a reconocer el peso del pecado y la redención. Tomás de Kempis, por ejemplo, relaciona la carga de la cruz con los pecados de la humanidad y con el amor redentor de Cristo. Este pasaje expresa un tema afín, pero no acredita la autoría ni el texto de una oración concreta al hombro.2



