Charles de Foucauld (1858-1916), sacerdote y testigo de una espiritualidad centrada en Jesús, compuso esta oración como expresión personal de su relación con Dios. La tradición de la oración la relaciona con las palabras de Jesús recogidas en el Evangelio según san Lucas: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Un texto pontificio de 2008 presenta esa frase como el punto de partida de la plegaria y propone hacerla oración para cada momento de la vida, no solo para la hora de la muerte.1
La oración nace de la contemplación de Jesús y de su confianza filial en el Padre. En la espiritualidad de Foucauld, esa contemplación no queda reducida a la devoción privada: el conocimiento de Jesús despierta el deseo de darlo a conocer mediante la vida, el ejemplo y el servicio. El papa Francisco relacionó esa orientación con la vida oculta de Foucauld, su oración ante el sagrario y su voluntad de acercarse a los demás como hermano.2



