La Oración de los Fieles es un momento en el que el pueblo de Dios, habiendo escuchado y acogido la Palabra divina en la fe, ejerce su sacerdocio bautismal ofreciendo oraciones a Dios por la salvación de todos1,2. No es una parte que deba darse por sentada, sino un privilegio de la comunidad orante unida a Cristo y entre sí. De hecho, los catecúmenos, que aún no han recibido el Bautismo, se retiran antes de esta oración3.
Esta intercesión se basa en la promesa de Jesús: «si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, mi Padre celestial se lo concederá» (Mt 18,19)3. Los fieles se presentan ante el trono de la gracia con Jesús, intercediendo por toda la humanidad3. Es una forma de oración con profundas raíces en las antiguas prácticas de la sinagoga, que los cristianos adoptaron e incorporaron en la celebración de la Eucaristía desde los inicios3.
El Concilio Vaticano II, en su Constitución Sacrosanctum Concilium, deseó restaurar esta oración después del Evangelio y la homilía, especialmente los domingos y días de precepto2,4. El objetivo es que, con la participación del pueblo, se hagan intercesiones por la Santa Iglesia, las autoridades civiles, los oprimidos por diversas necesidades, toda la humanidad y la salvación del mundo entero2,4.
