El nombre Ángelus procede de la primera palabra latina de su versículo inicial: Angelus Domini nuntiavit Mariae, «El ángel del Señor anunció a María». La oración conmemora el anuncio de Gabriel y la respuesta de María, y recuerda que el Hijo de Dios tomó carne en su seno por obra del Espíritu Santo, conforme al designio del Padre. Por eso, el Ángelus no consiste solo en una serie de saludos marianos: cada una de sus partes conduce a la contemplación de la Encarnación.1
La estructura combina tres versículos breves, tres avemarías y una oración conclusiva. Los versículos recuerdan, sucesivamente, el anuncio del ángel, la aceptación de María y la Encarnación del Verbo. La última invocación pide la intercesión de la Madre de Dios; la oración final enlaza la Encarnación con la Pasión, la Cruz y la Resurrección de Cristo. Así, la devoción dirige la mirada desde el comienzo de la vida terrena de Jesús hasta el misterio pascual.2,3



