Raíces monásticas
El hesicasmo posee raíces antiguas en la vida de los monjes y eremitas cristianos. Su historia suele describirse a través de varias etapas: la tradición de los eremitas egipcios, la escuela espiritual del Sinaí, la enseñanza de Simeón el Nuevo Teólogo, la práctica desarrollada en el monte Athos y, siglos después, el renacimiento filocálico.
Los autores espirituales del Sinaí transmitieron la invocación del nombre de Jesús como camino de oración. La tradición hesicasta añadió, en algunas de sus expresiones, métodos corporales vinculados a la postura y a la respiración. Esos procedimientos no constituyen el núcleo de la oración de Jesús: la invocación del nombre de Cristo es anterior a la fase athonita de tales métodos.
Simeón el Nuevo Teólogo ocupa un lugar destacado en esta evolución. Su enseñanza presentó la unión contemplativa con Dios como finalidad de la vida espiritual y relacionó ese camino con la formación ascética, la penitencia y la dirección espiritual.,
El monte Athos y las controversias hesicastas
En los siglos XIII y XIV, algunos monjes del monte Athos difundieron una forma de oración que combinaba la invocación de Jesús con una atención corporal y respiratoria particular. La novedad de esos procedimientos suscitó objeciones, aunque la invocación continua de Cristo ya formaba parte de una tradición anterior. Gregorio del Sinaí contribuyó a difundir la práctica en Athos y en territorios eslavos.
El hesicasmo quedó ligado a debates teológicos sobre la contemplación de Dios y la luz experimentada por algunos contemplativos. La tradición palamita, asociada a san Gregorio Palamás, articuló una síntesis espiritual y doctrinal de aquellas controversias. En esa explicación, la luz contemplada se vincula con la acción divina, sin identificarla con la esencia de Dios, que permanece inaccesible a la visión humana en esta vida.,
La tradición filocálica
A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, el hesicasmo experimentó una renovación relacionada con la publicación de textos espirituales en la Filocalia. Esta recopilación contribuyó a que la práctica de la oración del corazón llegara más allá de los círculos monásticos en los que había arraigado.