Cristo, sacerdote de la liturgia
Cristo es el centro y el protagonista principal de toda celebración litúrgica. Él es el sacerdote eterno que ofrece al Padre la alabanza perfecta y presenta sacramentalmente su sacrificio redentor.
La Iglesia no actúa al margen de Cristo, sino incorporada a él. La liturgia hace presente la obra salvadora de Jesucristo, especialmente su pasión, muerte y resurrección. En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo y el sacrificio eucarístico constituyen un único sacrificio; la celebración no se limita a recordar externamente la cruz, sino que la hace sacramentalmente presente.
Cristo actúa en la liturgia de diversos modos: en la asamblea reunida, en el ministro ordenado, en la proclamación de la Palabra y, eminentemente, en los sacramentos. La presencia de Cristo no tiene un carácter mágico, sino sacramental: el Espíritu Santo hace eficaz la acción litúrgica y une a los fieles con el misterio de Cristo.
La Iglesia, Cuerpo de Cristo
La Iglesia celebra como pueblo sacerdotal. Cada bautizado participa en la oración litúrgica según su condición y función, aunque no todos desempeñan el mismo ministerio. La asamblea entera ofrece a Dios el culto, escucha su Palabra, responde con la oración y recibe los dones de la salvación.
La participación de los fieles no consiste solo en realizar tareas externas. Incluye la escucha atenta, el silencio, el canto, las respuestas, los gestos corporales, la unión interior con la ofrenda de Cristo y la disposición para vivir después conforme al misterio celebrado.
La liturgia manifiesta así la unidad de la Iglesia. Aunque reúne personas de distintas lenguas, pueblos y culturas, todos forman un único Cuerpo en Cristo y dirigen al Padre una misma alabanza.
La acción del Espíritu Santo
El Espíritu Santo hace posible la presencia eficaz de Cristo en la liturgia. Él reúne a los fieles, los incorpora al misterio pascual y orienta la celebración hacia el Padre.
Dos dimensiones ayudan a comprender esta acción:
- La anamnesis, que recuerda y hace presente sacramentalmente la obra salvadora de Dios, sobre todo el misterio pascual.
- La epíclesis, que invoca al Espíritu Santo para que santifique los dones y transforme a quienes participan en la celebración.
El memorial litúrgico no equivale a un recuerdo psicológico de acontecimientos pasados. La celebración comunica aquí y ahora la eficacia salvadora del acontecimiento de Cristo.