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Oración universal

La oración universal, también llamada oración de los fieles o oración general, es la parte de la Misa en la que la asamblea cristiana, después de escuchar la Palabra de Dios y profesar la fe, intercede públicamente por la Iglesia, las autoridades civiles, quienes padecen dificultades, la comunidad local y las necesidades del mundo entero. Constituye un ejercicio propio del sacerdocio bautismal y posee una forma litúrgica regulada, distinta de las oraciones espontáneas y de las prácticas de piedad popular.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreOración universal
CategoríaObra
DescripciónOración de los fieles que sigue al Credo y precede la ofrenda en la liturgia de la Palabra. Parte de la Misa en la que la asamblea cristiana intercede públicamente por la Iglesia, autoridades civiles, los necesitados y el mundo entero. Ejercicio propio del sacerdocio bautismal regulado por el Misal Romano; incluye introducción del sacerdote, anuncio de intenciones por la Iglesia, autoridades, necesitados y la comunidad local, respuesta de la asamblea y oración conclusiva
Referencias1 Timoteo 2,1 - “súplicas, oraciones, peticiones de intercesión y acciones de gracias por todos los hombres”.
ContextoLiturgia de la Palabra de la Misa romana, después del Credo y antes de la preparación de las ofrendas.
Contexto HistóricoPractica desde los primeros siglos de la Iglesia; presente en las Constituciones apostólicas (siglo IV-V) y en la tradición patrística.
Importancia EclesialExpresa el “nosotros” de la Iglesia, muestra su dimensión universal y prepara la transición a la Eucaristía.
LugarMisa, después del Credo y antes del ofertorio.
TemaIntercesión por la Iglesia, autoridades civiles, los necesitados y la comunidad local.
TipoOración
Uso LitúrgicoForma normativa del Misal Romano; el sacerdote dirige la oración, se anuncian intenciones y la asamblea responde con “Roguemos al Señor”.

Tabla de contenido

Naturaleza y significado

La oración universal pertenece a la liturgia de la Palabra y ocupa normalmente el último lugar dentro de ella. La asamblea responde a la Palabra proclamada mediante súplicas dirigidas a Dios por la salvación de todos. La Ordenación General del Misal Romano afirma que, por medio de esta oración, el pueblo «responde de alguna manera a la Palabra de Dios recibida con fe» y ejerce «la función de su sacerdocio bautismal», ofreciendo plegarias por todos los seres humanos.1

La Iglesia no entiende esta intercesión como una simple sucesión de peticiones privadas. La comunidad reunida en la celebración eucarística ora en nombre de toda la Iglesia y unida a Cristo, que incorpora a sus miembros a su propia oración sacerdotal. La oración litúrgica expresa así el «nosotros» eclesial, no la suma de opiniones o deseos individuales. Benedicto XVI explicó que la liturgia introduce al creyente en el «nosotros» de la Iglesia que ora y que la celebración pertenece al conjunto del Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza.2

La oración universal manifiesta también la dimensión católica, es decir, universal, de la Iglesia. Aunque la asamblea celebre en un lugar concreto, sus intenciones abarcan a la Iglesia extendida por todo el mundo, a las autoridades, a los que sufren y a toda la humanidad. La liturgia no queda encerrada en las necesidades internas de una parroquia, sino que abre la celebración a las alegrías, angustias, esperanzas y sufrimientos de todos los pueblos.

Denominaciones

Oración de los fieles

La expresión oración de los fieles procede de la tradición litúrgica y subraya que la asamblea bautizada intercede después de haber escuchado las lecturas y proclamado la fe. En la forma actual del rito romano, esta denominación aparece como título de la sección correspondiente de la Ordenación General del Misal Romano.1

Oración universal

El nombre oración universal pone el acento en la amplitud de sus destinatarios: la Iglesia, los gobernantes, los necesitados, la comunidad local y, en definitiva, el mundo entero. La palabra «universal» no significa que cada intención deba abarcar explícitamente todos los grupos humanos, sino que la intercesión cristiana posee una apertura esencial a las necesidades de toda la humanidad.

Intercesiones generales

También recibe el nombre de intercesiones generales, especialmente en contextos teológicos e históricos. Esta denominación recuerda que la asamblea no pide únicamente por sí misma, sino que presenta ante Dios las necesidades de la Iglesia y del mundo.

Fundamento bíblico

La oración universal hunde sus raíces en la enseñanza apostólica sobre la intercesión por todos. La Primera carta a Timoteo exhorta a ofrecer «súplicas, oraciones, peticiones de intercesión y acciones de gracias por todos los hombres», incluidos los reyes y quienes ejercen autoridad, con el deseo de que todos alcancen la salvación y el conocimiento de la verdad.3

Este fundamento bíblico contiene varios elementos esenciales:

  • Universalidad: la oración alcanza a todos los seres humanos, no sólo a los miembros visibles de la comunidad cristiana.
  • Intercesión: la Iglesia presenta ante Dios las necesidades ajenas.
  • Acción de gracias: la súplica no queda separada de la alabanza y del reconocimiento de los dones recibidos.
  • Responsabilidad pública: la oración incluye a gobernantes y autoridades, aunque no compartan la fe cristiana.
  • Finalidad salvífica: la petición última busca que todos vivan en la verdad, la justicia y la paz.

San Juan Crisóstomo relaciona esta práctica con la paternidad espiritual del ministro, llamado a preocuparse por todos. También explica que la oración por quienes están fuera de la comunidad cristiana elimina el odio y dispone a la caridad, incluso cuando existen hostilidad, persecución o injusticia.3

La oración por las autoridades no equivale a adulación ni a aprobación automática de sus decisiones. San Juan Crisóstomo la interpreta como una petición por el bien común, la paz y la seguridad de la sociedad.3 La Iglesia, por tanto, puede orar por los gobernantes y, al mismo tiempo, pedir que actúen con justicia, respeten la dignidad humana y trabajen por la paz.

Desarrollo histórico

La práctica de la intercesión comunitaria aparece desde los primeros siglos de la Iglesia. Las comunidades cristianas entendieron pronto que la celebración litúrgica debía incluir una oración amplia por la Iglesia, por la sociedad y por quienes sufrían.

La tradición apostólica y patrística

Las antiguas Constituciones apostólicas, obra cristiana de carácter canónico y litúrgico vinculada al ámbito sirio de finales del siglo IV o comienzos del V, conservan extensas intercesiones para las celebraciones dominicales y para las oraciones diarias. El estudio histórico de la liturgia antigua relaciona este documento con la estructura de la oración comunitaria de la mañana y de la tarde, que incluía largas intercesiones y una oración conclusiva presidida por el obispo.4

Las intercesiones de las Constituciones apostólicas abarcan:

  • La paz del mundo.
  • La estabilidad y santidad de las Iglesias.
  • Los obispos, presbíteros y diáconos.
  • Lectores, cantores y diversos estados de vida.
  • Viudas, huérfanos y personas necesitadas.
  • Matrimonios y familias.
  • Quienes ofrecen bienes a la Iglesia.
  • Los recién bautizados.
  • Enfermos y personas afectadas por diversas dolencias.
  • Quienes viajan por tierra o por mar.

El conjunto revela una concepción amplia de la oración eclesial: la comunidad presenta ante Dios tanto las grandes necesidades del mundo como las situaciones concretas de sus propios miembros.5

San Cirilo de Jerusalén describe una intercesión realizada después de la ofrenda sacramental por «la paz común de las Iglesias», el bienestar del mundo, los reyes, los soldados, los enfermos, los afligidos y, en general, por todos los que necesitan ayuda.6 Este testimonio muestra la estrecha unión entre la oración por el mundo y la celebración del sacrificio eucarístico.

La estructura cuatripartita tradicional

La tradición patrística transmitió una estructura cuatripartita que continúa siendo fundamental para comprender el orden de las intenciones:

  1. La Iglesia: oración por la Iglesia universal, el Papa, los obispos, los ministros ordenados, los consagrados, los misioneros y la unidad de los cristianos.
  2. Los gobernantes y la salvación del mundo: oración por las autoridades civiles, la paz, la justicia, la concordia entre los pueblos y la solución de los conflictos.
  3. Los necesitados: oración por los enfermos, los pobres, los perseguidos, los desempleados, los migrantes, los presos, las víctimas de la violencia y cuantos atraviesan cualquier dificultad.
  4. La comunidad local: oración por la parroquia, la diócesis, las familias, los difuntos y las necesidades concretas de la asamblea reunida.

La Ordenación General del Misal Romano conserva este esquema con una formulación precisa: primero, las necesidades de la Iglesia; después, las autoridades públicas y la salvación del mundo; a continuación, quienes sufren cualquier dificultad; y, finalmente, la comunidad local.7

La estructura no funciona como una fórmula rígida en todas las circunstancias. Las celebraciones de Confirmación, Matrimonio, Exequias u otros sacramentos pueden adaptar las intenciones al carácter propio de la ocasión, sin perder la apertura universal de la oración.7

La oración universal en la Misa romana

Lugar dentro de la celebración

En el rito romano, la oración universal tiene lugar después del Credo, cuando la profesión de fe forma parte de la celebración, y antes de la preparación de las ofrendas. La asamblea permanece normalmente de pie y participa mediante una respuesta común o mediante el silencio orante.

La celebración sigue una secuencia sencilla:

  1. El sacerdote invita brevemente a la asamblea a orar.
  2. El diácono, el lector, el cantor u otro fiel anuncia las intenciones.
  3. La asamblea responde con una invocación o guarda silencio.
  4. El sacerdote pronuncia la oración conclusiva.

La Ordenación General del Misal Romano atribuye al sacerdote celebrante la dirección de la oración, la introducción y la conclusión. Las intenciones deben redactarse con sobriedad, prudencia y brevedad, y han de expresar la oración de toda la comunidad.8

Cuando hay diácono, normalmente él anuncia las intenciones desde el ambón.9 Si no hay diácono, puede hacerlo el lector después de la introducción del sacerdote.10 La participación de los laicos en la proclamación no convierte la oración en una intervención privada: quien anuncia la intención presta su voz a la intercesión de toda la Iglesia reunida.

La introducción del sacerdote

El sacerdote no pronuncia una homilía adicional ni desarrolla explicaciones extensas antes de las intenciones. Su introducción debe ser breve, orientar la atención hacia Dios e invitar a la asamblea a ejercer su sacerdocio bautismal.

Una introducción adecuada puede adoptar fórmulas como:

«Confiados en el amor de Dios, presentemos nuestras súplicas por la Iglesia y por el mundo entero».

La introducción debe evitar convertir la oración en un comentario político, una campaña social o una exposición catequética. Su finalidad consiste en reunir espiritualmente las peticiones y conducirlas hacia la oración de la Iglesia.

La redacción de las intenciones

Las intenciones han de ser:

  • Breves, para que la asamblea pueda comprenderlas y hacerlas propias.
  • Sobrias, sin dramatización innecesaria.
  • Prudentes, especialmente cuando tratan asuntos políticos, conflictos o situaciones personales.
  • Generales, cuando la celebración exige una intercesión abierta.
  • Concretas, cuando una necesidad real de la comunidad requiere una petición determinada.
  • Teológicas, porque deben expresar una súplica dirigida a Dios y no limitarse a formular deseos humanos.

Una intención litúrgica no debería convertirse en un discurso. Resulta preferible decir:

«Por quienes sufren a causa de la guerra, para que encuentren protección, justicia y paz: roguemos al Señor».

En cambio, una larga explicación sobre las causas del conflicto, acompañada de valoraciones partidistas, desborda la naturaleza de la oración universal.

Las intenciones pueden dirigirse a Dios de forma explícita:

«Por las autoridades, para que gobiernen con justicia y protejan a los más débiles: roguemos al Señor».

También pueden expresar una petición por un grupo concreto:

«Por los enfermos de nuestra comunidad, para que reciban alivio, fortaleza y la ayuda necesaria: roguemos al Señor».

La respuesta de la asamblea

La asamblea participa mediante una aclamación común después de cada intención o mediante el silencio. La respuesta no constituye una formalidad secundaria: manifiesta que el pueblo cristiano acoge la petición y la presenta unido ante Dios.8

Las respuestas habituales incluyen:

«Roguemos al Señor».

«Te rogamos, óyenos».

«Señor, escucha nuestra oración».

La comunidad puede cantar la respuesta, siempre que la música mantenga el carácter sobrio y suplicante de la celebración. El silencio también posee valor litúrgico, pues permite que cada fiel interiorice la intención dentro de la oración común.

La oración conclusiva

El sacerdote concluye la oración universal con una colecta dirigida a Dios. Esta oración no repite mecánicamente todas las intenciones, sino que las recoge y las presenta en una síntesis teológica. Habitualmente invoca a Dios Padre por medio de Jesucristo y termina con la conclusión litúrgica correspondiente.

La presidencia sacerdotal expresa la unidad entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio bautismal. Los fieles anuncian o acogen las intenciones; el sacerdote, actuando en la celebración según su ministerio, reúne las súplicas de la asamblea y las dirige solemnemente a Dios.

Contenido teológico

La Iglesia que intercede

La primera intención mira a la Iglesia universal. La comunidad ora por el Papa, los obispos, los presbíteros, los diáconos, los consagrados, las vocaciones, los misioneros, los catequistas y todos los bautizados. También puede pedir por la unidad de los cristianos, por la perseverancia de los perseguidos y por el anuncio del Evangelio.

Las antiguas intercesiones cristianas incluían expresamente a los obispos, presbíteros, diáconos, lectores, cantores, viudas, huérfanos y demás miembros de la comunidad.5 La oración universal conserva esta visión orgánica de la Iglesia como un cuerpo formado por diversos ministerios, estados de vida y responsabilidades.

La oración por las autoridades

La oración por las autoridades tiene fundamento apostólico y pertenece a la tradición litúrgica. La Iglesia pide que los gobernantes actúen en favor del bien común, que respeten la dignidad de toda persona, que promuevan la paz y que encuentren soluciones justas para los conflictos.

Esta intercesión no exige adhesión partidista. Una comunidad puede orar por autoridades cuyas decisiones aprueba, por autoridades que critica legítimamente e incluso por autoridades que persiguen a los cristianos. La oración cristiana busca la conversión, la justicia y el bien de la sociedad, no la sacralización del poder.

San Juan Crisóstomo relaciona la oración por los gobernantes con una vida social pacífica y ordenada, y recuerda que los cristianos deben orar incluso por autoridades que no profesan la fe cristiana.11

La oración por quienes sufren

La tercera serie de intenciones comprende a quienes padecen enfermedad, pobreza, soledad, persecución, violencia, desempleo, exilio, catástrofes naturales o cualquier otra forma de aflicción. La oración no sustituye la caridad efectiva ni la responsabilidad social; las impulsa y les da una orientación cristiana.

La intercesión por los necesitados aparece con frecuencia en los testimonios antiguos, que incluyen a enfermos, afligidos, viajeros, huérfanos, viudas y personas sometidas a diversas dificultades.5 La celebración litúrgica recuerda así que nadie puede quedar excluido de la solicitud de la Iglesia.

En las celebraciones por los enfermos, la intención puede pedir salud, fortaleza, consuelo, atención médica, apoyo familiar y esperanza cristiana. La oración no debe presentar la curación física como resultado automático de la fe ni culpabilizar a quien continúa enfermo.

La oración por la comunidad local

La última serie mira a la comunidad concreta. Puede incluir a las familias, los niños, los jóvenes, los ancianos, los difuntos recientes, los trabajadores de la parroquia, los catecúmenos, los que reciben un sacramento y quienes afrontan una necesidad conocida por la asamblea.

La comunidad local no ocupa el primer lugar porque la Iglesia no reduzca la oración a la vida parroquial. El orden tradicional enseña que la parroquia pertenece a una comunión mayor: la diócesis, la Iglesia universal y la humanidad entera.

Relación con la Eucaristía

La oración universal prepara el paso de la liturgia de la Palabra a la liturgia eucarística. Después de escuchar las Escrituras, la asamblea responde con la fe y la intercesión; después presenta el pan y el vino y participa en la ofrenda sacramental.

La oración por todos alcanza su plenitud en la Eucaristía, porque Cristo ofrece al Padre el sacrificio de la Iglesia y reúne en sí la oración de su Cuerpo. La liturgia constituye la oración pública de Cristo y de la Iglesia, y ninguna otra acción eclesial posee idéntico carácter sagrado y eficacia litúrgica.12

San Cirilo de Jerusalén vincula las intercesiones por la paz, los gobernantes, los soldados, los enfermos y los afligidos con la ofrenda sacramental.6 Esta relación impide entender la oración universal como un apéndice informativo situado entre las lecturas y el ofertorio.

Oración litúrgica y oración espontánea

Diferencia de naturaleza

La oración universal de la Misa forma parte de un rito oficial. Su estructura, momento, presidencia, contenido general y modo de participación están regulados por los libros litúrgicos y por las normas de la Iglesia. No depende de la improvisación de cada asamblea.

Las oraciones espontáneas, en cambio, pertenecen normalmente a reuniones de oración, grupos parroquiales, encuentros familiares, vigilias, peregrinaciones, devociones privadas o celebraciones no litúrgicas. Pueden expresar con libertad situaciones concretas y utilizar palabras propias de los participantes.

La Congregación para la Doctrina de la Fe distingue las oraciones litúrgicas, contenidas en libros aprobados por la autoridad competente, de las oraciones no litúrgicas. También exige evitar la confusión entre una reunión libre de oración y una celebración litúrgica propiamente dicha.13,13

Complementariedad

La distinción no enfrenta ambas formas de oración. La oración litúrgica y la oración privada o comunitaria no litúrgica pueden alimentar una misma vida cristiana. La liturgia posee prioridad como oración pública de Cristo y de la Iglesia, pero esa superioridad no elimina el valor de la oración privada; ambas tienden a formar a Cristo en el creyente.14

La piedad popular también puede expresar la fe mediante formas nacidas de la experiencia religiosa de los pueblos y de las comunidades. La Iglesia reconoce esas prácticas, siempre que mantengan una relación correcta con la liturgia y no intenten sustituirla.15

Límites dentro de la Misa

Una oración espontánea puede resultar legítima en un momento no litúrgico, pero no debe introducirse arbitrariamente en la oración universal ni alterar su estructura. La persona que anuncia las intenciones no pronuncia una oración personal prolongada, sino que presenta brevemente una intención para toda la asamblea.

La espontaneidad tampoco justifica la teatralidad, la manipulación emocional, la exposición de datos íntimos o la inclusión de consignas partidistas. La oración universal necesita libertad pastoral, pero también disciplina litúrgica.

La normativa sobre las oraciones de sanación ofrece un principio aplicable a esta cuestión: las reuniones libres de oración permanecen diferenciadas de la Misa y no deben confundirse con ella; dentro de la celebración eucarística sólo pueden incluirse intenciones por los enfermos en las intercesiones generales cuando la disciplina litúrgica lo permite.13,13

Criterios pastorales

Participación de la asamblea

La oración universal alcanza su finalidad cuando la comunidad comprende las intenciones y responde con fe. Conviene utilizar un lenguaje claro, accesible y digno, evitando tanto la retórica excesivamente abstracta como la conversación coloquial.

Los lectores deben proclamar las intenciones con calma, sin convertirlas en una lectura acelerada. La respuesta de la asamblea necesita un ritmo estable y una formulación conocida por todos.

Equilibrio entre universalidad y actualidad

Las intenciones deben unir dos dimensiones:

  • La universalidad, que abre la celebración a la Iglesia y al mundo.
  • La actualidad pastoral, que permite presentar necesidades reales y concretas.

Una oración bien preparada puede incluir una petición por las víctimas de una guerra reciente, una catástrofe natural o una crisis social, pero debe formularla desde la fe y no desde la propaganda. La actualidad sirve a la oración cuando ayuda a reconocer el sufrimiento humano ante Dios.

Respeto a las personas

La oración universal no debe revelar públicamente circunstancias privadas sin consentimiento. En una parroquia pequeña, una petición por una persona enferma puede resultar pastoralmente adecuada si la familia lo desea; en otros casos conviene una formulación más general.

La dignidad de los pobres, migrantes, presos, enfermos y difuntos exige evitar expresiones humillantes, simplistas o culpabilizadoras. La Iglesia ora por personas concretas como hijos de Dios, no como objetos de compasión superficial.

Evitar el discurso político

Las intenciones pueden referirse a decisiones públicas, autoridades, guerras, leyes o problemas sociales. Sin embargo, la oración universal no constituye un mitin ni una tribuna partidista. La comunidad pide luz, justicia, conversión, paz y protección de los débiles; no utiliza la liturgia para promover candidatos, partidos o intereses particulares.

Errores frecuentes

Entre los errores más habituales aparecen los siguientes:

  • Convertir cada intención en una explicación extensa.
  • Formular deseos sin mencionar a Dios ni expresar una petición.
  • Reducir la oración a las necesidades internas de la parroquia.
  • Omitir sistemáticamente a la Iglesia universal y a quienes sufren.
  • Introducir testimonios personales largos.
  • Utilizar la oración para transmitir consignas políticas.
  • Leer avisos parroquiales bajo la apariencia de intenciones.
  • Improvisar sin respetar la estructura litúrgica.
  • Confundir la oración universal con una ronda de peticiones espontáneas.
  • Pedir la curación de un enfermo de forma que culpabilice a quien no sana.
  • Emplear un lenguaje sensacionalista o teatral.
  • Añadir ritos y gestos no previstos que desplacen la oración oficial.

La sobriedad no empobrece la oración. Al contrario, permite que la Palabra, la necesidad humana y la acción de Cristo ocupen el centro.

Valor espiritual

La oración universal educa a los fieles en varias actitudes cristianas:

  • La comunión, porque cada persona ora con los demás y por los demás.
  • La compasión, porque la asamblea hace suyo el sufrimiento ajeno.
  • La esperanza, porque presenta las necesidades ante Dios.
  • La responsabilidad social, porque recuerda el deber de buscar la justicia y la paz.
  • La humildad, porque reconoce que la salvación última procede de Dios.
  • La caridad universal, porque incluye también a quienes no comparten la fe o incluso se oponen a ella.

La oración por los enemigos posee una fuerza espiritual particular. San Juan Crisóstomo considera que nadie puede conservar fácilmente el odio hacia aquellos por quienes ora, pues la intercesión abre un camino de caridad y renuncia a la venganza.3

La oración universal fuera de la Misa

La expresión puede utilizarse en sentido amplio para designar una oración comunitaria por diversas necesidades. Una parroquia puede organizar vigilias, encuentros de intercesión o celebraciones de la Palabra con peticiones por la Iglesia, las autoridades, los enfermos, los pobres y la paz.

Sin embargo, una reunión de este tipo no adquiere por ello la naturaleza de la oración universal de la Misa. La liturgia eucarística posee una estructura propia y requiere la observancia de los libros litúrgicos aprobados. Las formas espontáneas de oración pueden existir legítimamente fuera de la liturgia, pero deben conservar una clara distinción respecto de la celebración sacramental.15,13

En contextos no litúrgicos, los participantes pueden expresar intenciones con mayor libertad, guardar largos momentos de silencio, cantar, proclamar la Escritura o formular peticiones personales. La autoridad eclesial competente debe cuidar, no obstante, que esas reuniones respeten la fe, la dignidad de las personas y el orden pastoral de la Iglesia.

Importancia eclesial

La oración universal muestra que la Iglesia no celebra la Eucaristía de espaldas al mundo. La comunidad escucha la Palabra, discierne las necesidades de la humanidad y las presenta ante Dios antes de participar en el sacrificio eucarístico.

Su forma cuatripartita -Iglesia, autoridades y mundo, necesitados, comunidad local- mantiene un equilibrio entre la dimensión universal y la dimensión concreta de la vida cristiana. Su carácter oficial protege la celebración frente a la improvisación desordenada, mientras que su apertura pastoral permite incorporar las necesidades reales de cada tiempo y lugar.

La oración universal es, por tanto, una manifestación privilegiada del sacerdocio bautismal: la asamblea reunida en la fe intercede por todos, unida a Cristo, sacerdote y cabeza de la Iglesia.

Citas y referencias

  1. Capítulo II la estructura de la misa, sus elementos y sus partes - III. Las partes individuales de la misa - B. La liturgia de la palabra - La oración de los fieles, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Misal Romano, 69 (2003). 2
  2. Audiencia general del 3 de octubre de 2012, Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 3 de octubre de 2012, 1 (2012).
  3. Juan Crisóstomo. Homilía 6 sobre 1 Timoteo, 1 Timoteo 2. 2 3 4
  4. Instituto Pontifical Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 42 (1999).
  5. Elección y ordenación de obispos: Forma de servicio los domingos - La oración de presentación a los fieles, autor desconocido. Constituciones apostólicas, Libro VIII. Sección 2. X. 2 3
  6. Lección catequética: (sobre los misterios. V.) sobre la liturgia sagrada y la comunión, Cirilo de Jerusalén. Lecciones catequéticas - Lección 23, 8 (350). 2
  7. Capítulo II la estructura de la misa, sus elementos y sus partes - III. Las partes individuales de la misa - B. La liturgia de la palabra - La oración de los fieles, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Misal Romano, 70 (2003). 2
  8. Capítulo II la estructura de la misa, sus elementos y sus partes - III. Las partes individuales de la misa - B. La liturgia de la palabra - La oración de los fieles, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Misal Romano, 71 (2003). 2
  9. Capítulo IV las diferentes formas de celebrar la misa - I. Misa con congregación - B. Misa con diácono - La liturgia de la palabra, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Misal Romano, 177 (2003).
  10. Capítulo IV las diferentes formas de celebrar la misa - I. Misa con congregación - D. Las funciones del lector - La liturgia de la palabra, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Misal Romano, 197 (2003).
  11. Juan Crisóstomo. Homilías sobre 1 Timoteo, Homilía 6. 1 Timoteo 2.
  12. B1. Dignidad sobresaliente de la oración litúrgica, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Discurso principal del Cardenal Arinze, Prefecto, en la Conferencia Litúrgica Gateway (San Luis - Misuri, 11 de noviembre de 2006), 1 (2006).
  13. Introducción, Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción sobre oraciones de sanación, 2000 (2000). 2 3 4 5
  14. Papa Pío XII. Mediador Dei, 37 (1947).
  15. Parte I: Tendencias emergentes historia, magisterio y teología - Capítulo II: Liturgia y piedad popular en el magisterio de la Iglesia - La Iglesia: Comunidad de adoración, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: Principios y Directrices, 82 (2002). 2
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