Naturaleza de la Regla
La llamada Regla de San Agustín no constituye un documento único cuya autoría resulte completamente uniforme en todos los textos transmitidos bajo ese título. La tradición vinculó con ella diversos escritos de Agustín, entre ellos la carta 211, dirigida a una comunidad femenina, y los sermones 355 y 356, dedicados a la vida común del clero de Hipona. También circularon otras obras atribuidas posteriormente al santo, aunque la autoría agustiniana de algunas resulta discutida.
La forma de la Regla utilizada por numerosas comunidades medievales presenta un texto breve, espiritual y práctico. No ofrece una organización tan minuciosa de horarios, oficios y estructuras como la Regla de san Benito. Su centro reside en la caridad, la unidad comunitaria, la pobreza común, la obediencia, la corrección fraterna, la oración y el cuidado de los enfermos.
Principios fundamentales
La Regla comienza con el amor a Dios y al prójimo como fundamento de toda la vida religiosa. La comunidad agustiniana debe orientar sus miembros hacia una unidad interior que supere la simple convivencia externa.
Entre sus principales elementos destacan:
- Unidad de mente y corazón en Dios: la comunidad busca una concordia espiritual fundada en la caridad.
- Comunión de bienes: nadie debe considerar los bienes como propiedad exclusiva cuando forman parte de la vida comunitaria.
- Distribución según la necesidad: la igualdad cristiana no consiste en entregar idéntico trato material a todos, sino en atender justamente la salud y las necesidades de cada hermano.
- Humildad: la condición social anterior a la entrada en la comunidad no debe generar privilegios ni inferioridades.
- Oración común: la oración expresa y alimenta la unidad de la fraternidad.
- Trabajo para el bien común: toda tarea debe realizarse con diligencia y sin buscar ventajas individuales.
- Cuidado de los enfermos: la disciplina religiosa debe respetar la salud y la dignidad de cada persona.
- Corrección fraterna: la autoridad tiene una función medicinal y debe ejercerse con caridad.
- Sobriedad y dominio de sí: los bienes externos ocupan un lugar subordinado a la conversión interior.
La Regla enseña que la verdadera pobreza no consiste únicamente en carecer de bienes, sino también en renunciar al orgullo, a la apropiación individualista y a la búsqueda de privilegios.,
Diferencia respecto de otras reglas monásticas
La Regla de San Agustín posee un carácter más breve y flexible que la Regla de san Benito. No presenta una estructura tan detallada sobre la jornada monástica, el régimen de trabajo, los grados de autoridad o la organización de los monasterios. Su lenguaje concede mayor espacio a la exhortación espiritual y a la formación de la caridad comunitaria.
Esta característica permitió que la Regla fuera adoptada por comunidades de naturaleza diversa: monasterios femeninos, comunidades de clérigos, canónigos regulares, órdenes mendicantes y otras congregaciones religiosas. La misma Regla podía adquirir expresiones distintas mediante constituciones, costumbres y formas de apostolado propias.
La tradición agustiniana no identifica la vida religiosa con la ociosidad contemplativa. En De opere monachorum, Agustín defendió la necesidad del trabajo serio y rechazó la utilización de la contemplación como pretexto para evitar las obligaciones comunitarias.