Expansión medieval
Durante los siglos XII y XIII, la Orden se difundió con rapidez por Francia, la península ibérica, Italia, las islas británicas, Europa central y otras regiones. Las nuevas abadías mantenían una relación de filiación con una casa madre, lo que facilitaba la transmisión de usos, libros litúrgicos, métodos de gobierno y formas de vida.
La red cisterciense convirtió numerosos monasterios en centros de oración, cultura, agricultura y evangelización. En el siglo XII, centenares de abadías formaban ya una extensa familia monástica europea. Juan Pablo II recordó que alrededor de cuatrocientas casas existían en ese siglo y que constituían focos de intensa vida espiritual.
Los monasterios cistercienses también participaron indirectamente en la organización de obras eclesiales medievales. San Bernardo y otros miembros de la Orden colaboraron en la configuración espiritual y jurídica de algunas órdenes militares, entre ellas la Orden del Temple y la Orden de Calatrava.
Crisis y reformas
Con el paso de los siglos, algunas comunidades cistercienses adoptaron formas de vida más amplias y menos rigurosas que las practicadas por los fundadores. Esta evolución afectó a muchas familias religiosas de origen benedictino y provocó diversas iniciativas de reforma.
Durante el siglo XVII surgieron en Francia fuertes debates entre quienes defendían la Observancia Común y quienes deseaban una disciplina más estricta, especialmente en materia de abstinencia de carne, silencio, clausura y austeridad. Las controversias afectaron también a la autoridad del abad de Cîteaux, al régimen de visitas y a la aplicación de la Carta Caritatis.
En 1634, una decisión relacionada con la reforma de los monasterios franceses modificó diversos aspectos de las constituciones tradicionales y provocó la reacción del abad de Cîteaux. El papa Inocencio X restauró en 1647 la situación jurídica anterior a aquella decisión.
El papa Alejandro VII intervino posteriormente en el conflicto. En 1662 convocó a representantes de las distintas tendencias, incluida la comunidad de La Trapa. La bula In Suprema, promulgada en 1666, buscó poner fin a la división mediante una disciplina común en determinados ámbitos y mediante la regularización de las visitas y de los capítulos generales.
La reforma trapense
La reforma de La Trapa no debe confundirse con la identidad completa de la Orden Cisterciense. La Trapa representó una corriente de renovación dentro de la tradición cisterciense, marcada por una austeridad particularmente intensa y por una interpretación estricta de ciertos aspectos de la Regla y de las antiguas costumbres.
Las vicisitudes políticas de la Revolución francesa y de los siglos posteriores favorecieron la expansión internacional de las comunidades reformadas. A finales del siglo XIX, León XIII reunió bajo un único régimen a varias congregaciones de cistercienses reformados, que recibieron el nombre de Cistercienses Reformados o Cistercienses de la Estricta Observancia.
La distinción jurídica contemporánea entre OCist y OCSO no debe proyectarse sin matices sobre todas las controversias del siglo XVII. En aquel momento, las expresiones «común» y «estricta» describían tendencias y observancias enfrentadas dentro del universo cisterciense. La organización actual de dos órdenes autónomas pertenece a una etapa posterior de la historia canónica.