La iniciativa de san José de Calasanz
El origen del instituto se sitúa en Roma, con una obra nacida en torno a san José de Calasanz, quien fundó en 1597 los Clérigos Regulares de las Escuelas Pías. Calasanz impulsó una educación que respondía a una necesidad pastoral concreta: ofrecer a los hijos de los pobres la instrucción religiosa desde edades tempranas.,
La escuela junto a Santa Dorotea y el impulso de caridad
Calasanz participó en el ámbito de la doctrina cristiana y caminó por diferentes lugares instruyendo al pueblo. Su experiencia le llevó a organizar escuelas con enfoque preferente en los niños pobres. El párroco Antonio Brendoni, de Santa Dorotea en Trastévere, facilitó espacios iniciales y apoyó el trabajo con la colaboración de otros sacerdotes que se unieron a la iniciativa.,
Crecimiento, traslados y aprobación eclesial
El éxito de la escuela aumentó la asistencia y motivó el traslado a edificios de la ciudad. Después de nuevos cambios de sede, el crecimiento favoreció la vida comunitaria entre los asociados. El impulso recibió también respuesta de la autoridad eclesiástica: Clemente VIII ordenó una ayuda anual para el alquiler de la casa.
La expansión generó críticas y terminó conduciendo a inspecciones de las escuelas por cardenales. El proceso concluyó favorablemente y añadió estabilidad al proyecto; Pablo V mostró un respaldo incluso más marcado. Más adelante, en 1612, la necesidad de espacio llevó a adquirir el Palacio Torres, paso que reflejó un crecimiento real de la obra escolar.
El hábito religioso y el paso decisivo de la vida consagrada
El 25 de marzo de 1617, Calasanz y sus compañeros recibieron el hábito religioso, con un cambio de nombre del fundador: san José de Calasanz pasó a llamarse José de la Madre de Dios, gesto que vinculó la identidad religiosa a la misión educativa de la congregación.