Orígenes y fundación
La Orden de Franciscanas del Sagrado Corazón de Jesús y María surgió en el contexto de la renovación espiritual en la Iglesia mexicana durante el siglo XX, influida por el resurgimiento de congregaciones dedicadas al Sagrado Corazón tras las persecuciones anticlericales de la Revolución Mexicana. Aunque no se detalla una fundadora única en los registros eclesiásticos accesibles, la orden se vincula espiritualmente a figuras como la beata María de Jesús Sacramentado Venegas (1868-1959), quien promovió una espiritualidad similar en su propio instituto, las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, fundada en Guadalajara en 1905. Esta beata, declarada venerable por la Iglesia, enfatizó la unión con Dios y el servicio a los pobres, elementos que resuenan en el carisma franciscano de la orden.
La fundación formal de las Franciscanas del Sagrado Corazón de Jesús y María se remonta a la década de 1940, en un momento de efervescencia misionera en México, donde varias comunidades religiosas adoptaron el nombre para honrar los corazones de Jesús y María como símbolos de amor misericordioso. Inspiradas en el franciscanismo, las primeras hermanas profesaron votos de pobreza, castidad y obediencia, adaptando la regla de san Francisco a un enfoque apostólico centrado en la reparación y la educación. El decreto de aprobación diocesana llegó en los años posteriores, y en 1960 obtuvo el reconocimiento pontificio, permitiendo su expansión más allá de las fronteras mexicanas.
Desarrollo y expansión
Durante las décadas de 1950 y 1960, la orden experimentó un crecimiento notable, estableciendo conventos en regiones rurales de México donde la pobreza era extrema. Su énfasis en la formación de la juventud y la atención sanitaria atrajo vocaciones de mujeres que buscaban una vida de simplicidad evangélica. Influenciadas por el Concilio Vaticano II, las franciscanas incorporaron elementos de renovación litúrgica y ecumenismo, manteniendo siempre la adoración perpetua al Santísimo Sacramento como pilar espiritual, similar a otras congregaciones del Sagrado Corazón.
En los años 1970, la orden se extendió a Centroamérica, fundando misiones en Guatemala y El Salvador, donde las hermanas se dedicaron a la alfabetización y el apoyo a familias desplazadas por conflictos sociales. Hoy en día, cuenta con presencia en varios países de América Latina y Europa, con un enfoque en la justicia social que refleja la encíclica Rerum Novarum y las enseñanzas de los papas sobre la opción preferencial por los pobres.

