La Primera Orden
La Orden de Frailes Menores, los Conventuales y los Capuchinos comparten la Regla franciscana, pero son institutos religiosos distintos, con gobierno y constituciones propios. Por ello, no deben presentarse como simples reformas internas que hoy dependan de una única estructura central.,
La historia de las reformas ayuda a explicar sus diferencias. Dentro de la tradición de los Frailes Menores surgieron diversas corrientes de observancia, como los observantes, reformados, alcantarinos y recoletos. León XIII reunió esas agrupaciones en una sola Orden de Frailes Menores, mientras que Conventuales y Capuchinos conservaron su identidad institucional propia.,
La reorganización no convierte a las tres ramas actuales en una sola orden. La unión de varias familias de observancia bajo el nombre de Frailes Menores afectó a esas agrupaciones, pero no abolió la distinción jurídica entre Frailes Menores, Conventuales y Capuchinos.,
Las clarisas
La Segunda Orden está formada por las monjas vinculadas a la tradición de santa Clara de Asís, conocidas habitualmente como clarisas. Sus comunidades profesan la Regla de santa Clara, aprobada por Inocencio IV en 1253; en la historia surgieron distintas formas de observancia dentro de esta tradición.
La vida contemplativa de las clarisas expresa una vertiente propia del carisma franciscano. Aunque comparte con los frailes la inspiración de san Francisco, constituye una rama religiosa distinta y no una sección de la Primera Orden.
La Tercera Orden
La tradición franciscana también comprende la Tercera Orden, vinculada a los hermanos y hermanas de la penitencia. Una de sus formas es la Tercera Orden Secular, integrada por personas que viven en el mundo y siguen una regla de vida franciscana. Otra forma es la Tercera Orden Regular, cuyos miembros viven en comunidades religiosas bajo una regla aprobada.
La existencia de formas seculares y regulares muestra que la espiritualidad franciscana no queda circunscrita a los frailes y a las monjas contemplativas. También puede orientar la vida cristiana de quienes permanecen en sus ocupaciones y circunstancias ordinarias.