Orígenes y fundación
La orden tiene sus raíces en la antigua Congregación de Notre Dame, fundada en 1597 por san Pedro Fourier en Francia, con el propósito de educar a las niñas pobres en la fe católica y en conocimientos básicos. Esta congregación se expandió por Europa durante los siglos XVII y XVIII, estableciendo conventos en Alemania, donde enfrentó supresiones durante las guerras napoleónicas y las reformas eclesiásticas del siglo XIX. En el contexto de la Restauración postnapoleónica, la beata María Teresa de Jesús Gerhardinger (nacida Carolina Gerhardinger en 1797) emergió como figura clave para revivir esta tradición.
María Teresa, educada en un convento de las ursulinas en Augsburgo, soñó con dedicar su vida a la educación de las niñas humildes, especialmente aquellas afectadas por la pobreza y la secularización. En 1833, con el apoyo del obispo de Ratisbona, Ignacio de Sanar, y el sacerdote Jorge Michl, fundó la primera comunidad en Neunburg vorm Wald, Baviera. Inicialmente, el grupo era pequeño: solo ella y unas pocas compañeras, pero rápidamente creció gracias a su visión providencial. Adoptaron el nombre de Hermanas de la Escuela de Notre Dame, enfatizando su devoción a la Virgen María y su compromiso con la enseñanza. La «pobreza» en su denominación refleja no solo el voto evangélico de pobreza, sino también su opción preferencial por los sectores más vulnerables de la sociedad, como huérfanas, hijas de obreros y niños de familias indigentes.
En 1847, seis hermanas emigraron a Estados Unidos a invitación del obispo Miguel O’Connor de Pittsburgh, marcando el inicio de su expansión internacional. Una de ellas falleció en el viaje, pero las restantes establecieron la primera casa en Baltimore, Maryland, donde abrieron escuelas para inmigrantes irlandeses y alemanes. Este traslado fue impulsado por la necesidad de educar a las comunidades católicas en un entorno protestante y por la persecución religiosa en Europa, como el Kulturkampf en Prusia durante la década de 1870, que obligó a muchas hermanas a exiliarse.
Expansión en el siglo XIX y XX
Durante el siglo XIX, la orden se ramificó en varias provincias autónomas para adaptarse a las realidades locales. En 1876, se dividió en la provincia occidental (con sede en Milwaukee, Wisconsin) y la oriental (Baltimore). Posteriormente, en 1895, surgió la provincia sureña en St. Louis, Misuri. En Europa, las hermanas enfrentaron desafíos como la secularización en Alemania y Francia, pero persistieron en su labor educativa, abriendo normal schools (escuelas para formar maestras) y academias para niñas.
El siglo XX vio un auge en su presencia global. En 1920, la orden ya operaba en más de treinta países, incluyendo Canadá, Japón, África y América Latina. La beatificación de María Teresa en 1985 por el papa Juan Pablo II impulsó un renovado vigor, destacando su espíritu «teresianista»: una confianza absoluta en la Providencia divina y un compromiso inquebrantable con la educación de los pobres.1 En 1992, durante el capítulo general, el mismo pontífice elogió su contribución a la Iglesia, recordando a Madre María Carolina Friess como cofundadora de la rama americana, quien falleció en 1892 y es venerada por su liderazgo en la expansión estadounidense.2
En España y otros países de habla hispana, las hermanas llegaron a finales del siglo XIX, estableciendo escuelas en regiones industriales como Cataluña y Andalucía, donde atendieron a hijas de familias obreras. Su labor se extendió a misiones en América Latina durante el siglo XX, respondiendo a las necesidades de educación en zonas rurales y urbanas marginadas.
