Orígenes y San Ignacio de Loyola
La Sociedad de Jesús surgió en un contexto de profundas transformaciones en Europa durante el siglo XVI, marcado por la Reforma protestante y el Concilio de Trento. Su fundador, San Ignacio de Loyola (1491-1556), fue un noble vasco que, tras una herida en la batalla de Pamplona en 1521, experimentó una conversión espiritual profunda. Durante su convalecencia, leyó vidas de santos y se inspiró en la imitación de Cristo, lo que lo llevó a emprender un peregrinaje de penitencia y oración. En 1522, en la cueva de Manresa, desarrolló los fundamentos de sus Ejercicios Espirituales, un método de discernimiento y oración que se convertiría en el pilar de la espiritualidad jesuita.1
Ignacio estudió en la Universidad de París, donde reunió a un grupo de compañeros: Pedro Fabro, Francisco Javier, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Simón Rodríguez, Nicolás Bobadilla, Claudio Le Jay, Juan Codure y Paschasio Broët. El 15 de agosto de 1534, en la colina de Montmartre, pronunciaron votos de pobreza y castidad, comprometiéndose a peregrinar a Tierra Santa o, en su defecto, a ponerse al servicio del papa.2 Ante las dificultades para viajar a Jerusalén debido a conflictos con los turcos, el grupo se dirigió a Roma en 1537, ofreciendo sus servicios al papa Pablo III. Allí, tras un período de oración y discernimiento cerca de Vicenza, decidieron formalizar su unión en una orden religiosa.3
Ignacio, ordenado sacerdote en 1537, difería su primera misa para prepararse intensamente, celebrándola finalmente en Navidad de 1538. Su visión en La Storta, donde Cristo le prometió favor en Roma, reforzó su determinación.3 El grupo se dedicó inicialmente a la predicación, la confesión y la atención a los marginados en Roma, fundando casas para conversos judíos y penitentes.4
Aprobación papal y primeros pasos
El 3 de septiembre de 1539, Pablo III aprobó verbalmente la primera fórmula del Instituto de la Sociedad, y el 27 de septiembre de 1540, lo hizo formalmente con la bula Regimini militantis Ecclesiae. Esta constituía a los jesuitas como una «compañía» o «sociedad» de Jesús, enfatizando su carácter militar-espiritual bajo el estandarte de Cristo.2 Ignacio fue elegido superior general el 19 de abril de 1541, cargo que ocupó hasta su muerte. Bajo su liderazgo, la orden creció rápidamente: de diez miembros iniciales a mil en quince años, extendiéndose por Europa, India y Brasil.5
Los primeros jesuitas se destacaron por su movilidad y adaptabilidad. En 1540, Francisco Javier y Simón Rodríguez partieron a Portugal, desde donde Javier evangelizó las Indias Orientales y Japón.4 Otros, como Gonçalves y Juan Núñez Barreto, atendieron a esclavos cristianos en Marruecos; se enviaron misioneros al Congo, Etiopía y América del Sur.4 Laínez y Salmerón participaron como teólogos en el Concilio de Trento, instruidos por Ignacio en humildad y servicio a los pobres.4 En Roma, Ignacio fundó el Colegio Romano (hoy Pontificia Universidad Gregoriana), modelo para futuras instituciones educativas jesuitas.4
