Fundación
La Orden de la Caridad de San Francisco surgió en un contexto de profundas necesidades sociales en la Europa del siglo XIX, marcada por epidemias y pobreza extrema. Franziska Schervier, nacida el 3 de enero de 1819 en Aquisgrán, provenía de una familia acomodada: su padre era propietario de una fábrica de agujas y magistrado asociado de la ciudad, mientras que su madre pertenecía a una influyente familia francesa.1 Quedó huérfana de madre a los 13 años, lo que la impulsó a dedicarse desde joven al socorro de los pobres. Educada con esmero, Franziska comenzó distribuyendo alimentos y ropa, visitando hogares y hospitales, y uniéndose en 1840 a una sociedad benéfica para intensificar su labor.
En 1844, junto con cuatro jóvenes —Catherine Daverkosen, Gertrude Frank, Joanna Bruchhans y Catherine Lassen—, ingresó en el Tercer Orden de San Francisco, adoptando su regla para guiar su vida espiritual. Al año siguiente, el 3 de octubre de 1845, tras un retiro espiritual en Liegi (Bélgica), fundó la comunidad en una modesta casa fuera de la Puerta de San Jacobo en Aquisgrán, con permiso de un sacerdote local. Franziska fue elegida superiora, y la vida comunitaria se organizó en torno a ejercicios religiosos, tareas domésticas y el cuidado de los enfermos pobres, todo ello dependiente de la caridad ajena.1 Esta fundación respondió al llamado evangélico de servir a los marginados, inspirado en la regla franciscana promulgada por el papa León X para los terciarios en comunidad.
La oportunidad para probar su vocación llegó pronto: en 1848, una epidemia de cólera seguida de viruela azotó Aquisgrán. Las hermanas ofrecieron sus servicios como enfermeras en un antiguo edificio dominico convertido en enfermería, recibiendo autorización para residir allí en 1849. Este acto de heroísmo consolidó la identidad de la orden, que creció rápidamente hasta trece miembros ese mismo año.1
Desarrollo y expansión
El crecimiento de la orden fue impulsado por la visión de Franziska Schervier de extender su misión más allá de Aquisgrán. En 1850, la comunidad recibió la aprobación diocesana y adoptó constituciones adaptadas a su trabajo específico: el cuidado de los pobres dependientes de la limosna, siguiendo la regla del Tercer Orden Franciscano.1 Bajo la guía de Schervier, las hermanas se expandieron a otras regiones de Alemania y, en 1860, cruzaron el Atlántico hacia Estados Unidos, estableciendo casas en Cincinnati y Nueva York para atender a inmigrantes y pobres urbanos.
La orden enfrentó desafíos, como la secularización prusiana en el siglo XIX, que obligó a las hermanas a adaptarse sin perder su espíritu. En 1872, Schervier fundó una rama masculina, los Frailes de los Pobres de San Francisco, aunque esta se separó más tarde. Tras la muerte de la fundadora el 14 de diciembre de 1876, la congregación continuó expandiéndose, llegando a Europa, América y África. En el siglo XX, participó en misiones ad gentes y obras sociales, alineándose con los llamamientos papales a la caridad, como los de Pío XI y Juan XXIII.2 La beatificación de Franziska Schervier en 1974 por Pablo VI reconoció su legado, describiéndola como una figura que unió la tradición católica con la historia imperial de Aquisgrán.3
Hoy, la orden cuenta con miles de miembros en diversos países, manteniendo su enfoque en la justicia social y la evangelización a través de las obras.
