Fundación
La sociedad surgió en el contexto de la renovación misionera de la Iglesia católica durante el siglo XVII, impulsada por el deseo de extender el Evangelio a tierras lejanas. Sus principales fundadores fueron François Pallu, obispo de Heliópolis y vicario apostólico de Tonkín (actual Vietnam del Norte), y Lambert de la Motte, obispo de Bertyus y vicario apostólico de Cochinchina (sur de Vietnam). Ambos prelados, nombrados por la Propaganda Fide en 1658, partieron de Francia entre 1660 y 1662 para asumir sus misiones, recorriendo Persia e India a pie en un viaje épico que simbolizaba su entrega total al apostolado.1
En 1663, para reclutar miembros y gestionar recursos, se estableció una casa en París, en la Rue du Bac, que funcionaría como seminario de las Misiones Extranjeras. Esta institución recibió la aprobación del papa Alejandro VII y el reconocimiento legal del gobierno francés. El objetivo primordial era evangelizar naciones infieles mediante la fundación de iglesias y la formación de un clero nativo bajo la autoridad episcopal, priorizando la autonomía de las Iglesias locales.1 El primer director fue Vincent de Meurs, y las primeras salidas de misioneros ocurrieron en 1665, con embarques desde La Rochelle en 1666 hacia Asia.2
Desarrollo inicial y desafíos
Los primeros años estuvieron marcados por dificultades logísticas y persecuciones. Los misioneros, como Pallu y la Motte, enfrentaron viajes extenuantes y hostilidades en regiones como Tonkín, Cochinchina, Camboya y Siam (actual Tailandia). En este período inicial (1658-1700), se publicaron obras clave como las Institutiones apostolicae, que sentaron las bases de la regla de la sociedad, y se fundó un seminario general en Juthia, Siam.1
A pesar de los obstáculos, como la longitud de los trayectos y la escasez de recursos, se bautizaron más de 40.000 cristianos en Siam y se crearon institutos como las «Amantes de la Cruz» en Annam, un grupo de religiosas nativas. Además, se establecieron normas para catequistas y se ordenaron treinta sacerdotes indígenas, aplicando el principio de la organización eclesial por clérigos locales, que influiría en el apostolado global.1 Eventos políticos, como tratados comerciales entre Indo-China y Francia, destacaron el patriotismo de estos evangelizadores, aunque fracasos diplomáticos, como la expedición fallida a Siam, afectaron temporalmente las misiones.
En el siglo XVIII, la sociedad asumió misiones jesuitas en India tras su supresión en Portugal. Obispos como Pottier y Dufresse revitalizaron el trabajo en Sichuan, mientras que Pineau de Behaine facilitó tratados que allanaron el camino para la influencia francesa en Indo-China.1 La Revolución Francesa (finales del XVIII) interrumpió el crecimiento: en ese momento, la sociedad contaba con seis obispos, veinte misioneros, 135 sacerdotes nativos, nueve seminarios y 300.000 cristianos.1
Expansión en los siglos XIX y XX
El siglo XIX vio un renacimiento gracias a avances como el vapor y el Canal de Suez, que acortaron los viajes de meses a semanas.1 Bajo el impulso de la Sociedad para la Propagación de la Fe, fundada en 1822 en Lyon, las Misiones Extranjeras expandieron su presencia en Asia.3 En 1880-1892, el misionero Puginier abrió regiones de Tonkín y Cochinchina a la exploración francesa, donde el número de católicos creció de 5.000 a 40.000 en Birmania y superó los 650.000 en las nueve misiones de Tonkín y Cochinchina.4
En China, los misioneros de las MEP, junto a jesuitas y lazaristas, evangelizaron provincias como Fujian, Sichuan y Yunnan.2,4 El papa León XIII elogió en 1900 su labor incansable, destacando cómo, como exiliados voluntarios, civilizaban pueblos salvajes enseñando el cristianismo, el amor al prójimo, el trabajo y el respeto a los débiles, contribuyendo también a la ciencia en áreas como lingüística e historia.5 Al inicio del siglo XX, las misiones en Indo-China oriental contaban con 632.830 católicos, 2.609 iglesias, 365 obispos y misioneros, 491 sacerdotes nativos y numerosas escuelas y hospitales.1
En el siglo XX, la sociedad adaptó su labor a contextos modernos, manteniendo su compromiso con la formación nativa pese a guerras y cambios políticos en Asia.
