La historia de la Orden Carmelita se entrelaza con las tradiciones del Monte Carmelo en Palestina, un lugar venerado por su conexión con los profetas Elías y Eliseo1. Desde el siglo XIV, ha habido debates sobre la fecha exacta de su fundación, con la orden misma atribuyendo sus orígenes a los profetas Elías y Eliseo1. Los historiadores modernos, sin embargo, sitúan su establecimiento en la segunda mitad del siglo XII1.
Los «Hijos de los Profetas» en tiempos de Samuel, que llevaban una vida comunitaria y se dedicaban al servicio de Dios bajo superiores como Elías y Eliseo, son considerados por la tradición carmelita como precursores de la orden1. Aunque estos grupos desaparecieron con la caída del Reino de Israel, el Monte Carmelo siguió siendo un lugar de peregrinación en los siglos III y IV de la era cristiana1. Padres de la Iglesia como San Juan Crisóstomo, San Basilio, San Gregorio Nacianceno y San Jerónimo, presentaron a Elías y Eliseo como modelos de perfección religiosa y patronos de ermitaños1.
La tradición de la orden sostiene que hubo una sucesión, si no ininterrumpida, al menos moral, de ermitaños en el Carmelo desde los tiempos de los grandes profetas, primero bajo la Antigua Alianza y luego en la era cristiana, hasta que en la época de las Cruzadas estos ermitaños se organizaron siguiendo el modelo de las órdenes occidentales1. Esta tradición está oficialmente recogida en las constituciones de la orden, mencionada en varias bulas papales y en la liturgia de la Iglesia1.
Sin embargo, la ausencia de menciones de peregrinos a Palestina antes del año 1150, cronistas y documentos tempranos, ha llevado a los historiadores modernos a situar su fundación alrededor del año 1155, cuando aparece por primera vez en documentos de autenticidad indudable1.
Las Primeras Comunidades en Palestina
El monje griego Juan Focas, quien visitó Tierra Santa en 1185, relató haber encontrado en el Carmelo a un monje de Calabria que, inspirado por una aparición del Profeta Elías, había reunido a unos diez ermitaños. Con ellos, llevaba una vida religiosa en un pequeño monasterio cerca de la gruta del profeta1. Rabbi Benjamín de Tudela ya había informado en 1163 que los cristianos habían construido allí una capilla en honor a Elías1. Jacques de Vitry y otros escritores de finales del siglo XII y principios del XIII ofrecen relatos similares1.
La fecha exacta de la fundación del eremitorio se puede inferir de la vida de Aymeric, Patriarca de Antioquía, quien era pariente del monje «calabrés» Berthold. Se cree que Aymeric visitó a Berthold en 1154 o 1155 y le asistió en el establecimiento de la pequeña comunidad1. Posteriormente, al regresar a Antioquía alrededor de 1160, Aymeric llevó consigo a algunos de los ermitaños, quienes fundaron un convento en esa ciudad y otro en una montaña cercana, aunque ambos fueron destruidos en 12681.
Bajo el sucesor de Berthold, Brocard, surgieron dudas sobre la forma de vida adecuada para los ermitaños carmelitas1. El Patriarca de Jerusalén, Alberto de Vercelli, quien residía en Tiro, resolvió esta dificultad escribiendo una breve regla alrededor de 12101. Esta regla, en parte, se tomó literalmente de la de San Agustín1. En ella se estipulaba que los ermitaños elegirían un prior al que prometerían obediencia, vivirían en celdas separadas, recitarían el Oficio Divino según el rito de la Iglesia del Santo Sepulcro (o ciertas otras oraciones si no sabían leer), y dedicarían su tiempo a la meditación piadosa y el trabajo manual1. Se reunirían cada mañana en la capilla para la Misa y los domingos para el capítulo1. No tendrían propiedad personal, sus comidas serían servidas en sus celdas, se abstendrían de carne (excepto en casos de gran necesidad) y ayunarían desde mediados de septiembre hasta Pascua1. El silencio debía observarse entre Vísperas y Tercia del día siguiente, y de Tercia a Vísperas debían evitar conversaciones inútiles1.
Reconocimiento Papal y Adaptación a Europa
La fórmula vitae inspirada por San Alberto, Patriarca de Jerusalén (1205-1214), fue la primera vez que la Iglesia reconoció a este grupo de hombres que se habían establecido «cerca del manantial del Monte Carmelo» para adorar a Jesucristo, imitando a la Santísima Virgen María y al Profeta Elías2. El proceso canónico culminó con varias enmiendas y la aprobación de la Regla por el Papa Inocencio IV en 12472.
Con la migración de los Carmelitas a Europa, la orden entró en un nuevo período1. San Simón Stock, elegido general en 1247, se encontró en una situación difícil1. Aunque la regla había sido concedida alrededor de 1210 y aprobada papalmente en 1226, muchos prelados se negaban a reconocer la orden, creyendo que había sido fundada en contravención del Concilio de Letrán (1215), que prohibía la institución de nuevas órdenes1. De hecho, la Orden Carmelita como tal no fue aprobada hasta el Segundo Concilio de Lyon (1274)1.
Sin embargo, San Simón Stock obtuvo de Inocencio IV una aprobación interina y ciertas modificaciones de la regla en 12471. Estas modificaciones permitieron que las fundaciones no se limitaran a los desiertos, sino que también pudieran establecerse en ciudades y sus suburbios1. La vida solitaria fue abandonada en favor de la vida comunitaria, las comidas se tomarían en común, la abstinencia se hizo menos estricta, el silencio se restringió al período entre Completas y Prima del día siguiente, y se permitió el uso de asnos y mulas para viajes y transporte, y aves de corral para las necesidades de la cocina1. De esta manera, la orden dejó de ser eremítica y se convirtió en una de las órdenes mendicantes1. Santa Teresa de Jesús, en su obra, menciona que la regla que sus comunidades seguían era la establecida por el Cardenal Hugo de Santa Sabina en 1248, bajo el pontificado de Inocencio IV, no la regla mitigada3.
El primer título de la orden, Fratres eremitæ de Monte Carmeli, y después de la construcción de una capilla en el Carmelo en honor a Nuestra Señora alrededor de 1220, Eremitæ Sanctæ Mariæ de Monte Carmeli, fue cambiado a Fratres Ordinis Beatissimæ Virginis Mariæ de Monte Carmeli1. En 1477, una ordenanza de la Cancillería Apostólica lo amplificó a Fratres Ordinis Beatissimæ Dei Genitricus semperque Virginis Mariæ de Monte Carmeli, título que se hizo obligatorio por el Capítulo General de 16801.
