Flagelantes medievales
Durante el siglo XIII, el fenómeno de los flagelantes se extendió por Europa como respuesta a la crisis espiritual y social. Los fieles se autocastigaban con látigos de cuero, a veces formando enormes procesiones que recorrían ciudades enteras. La Iglesia, aunque inicialmente toleró la expresión popular de penitencia, pronto prohibió los desórdenes que derivaban de estos movimientos, considerándolos peligrosos para la unidad eclesial.
Confraternidades penitentes en Europa
A partir del siglo XIII surgieron confraternidades penitentes organizadas y reguladas por la jerarquía eclesiástica. Se clasificaban según el color de su hábito (blancos, negros, azules, etc.) y cada una tenía una misión concreta: asistencia a los enfermos, entierro de los muertos, devoción al Santísimo Sacramento, entre otras. Estas agrupaciones recibían indulgencias papales y estaban sujetas a la supervisión de los obispos locales.
Desarrollo en América del Norte: Los Hermanos Penitentes
En el territorio que hoy comprende Nuevo México y Colorado, a comienzos del siglo XIX se consolidó la sociedad conocida como Los Hermanos Penitentes. Su origen parece estar ligado a la tercera orden franciscana introducida por los frailes en el siglo XVII, pero evolucionó hacia prácticas más extremas de mortificación, como la flagelación sin incisiones, el porte de cruces pesadas y la crucifixión simbólica durante la Semana Santa,.
Supresión y resistencia
El arzobispo Salpointe de Santa Fe intentó regular y, en última instancia, suprimir estas prácticas mediante circulares de 1886 y 1889, ordenando la adopción de la regla de la Tercera Orden de San Francisco y prohibiendo la flagelación pública. A pesar de la resistencia local y la influencia de medios protestantes que alentaban la autonomía de los penitentes, la orden disminuyó notablemente, aunque persiste de forma más discreta en algunas comunidades.