Fundación
La orden fue establecida en 1854 en Issoudun, una localidad del departamento de Indre, en el centro de Francia, por el sacerdote diocesano Jules Chevalier, un párroco visionario influido por las revelaciones de Santa Margarita María de Alacoque sobre el Sagrado Corazón de Jesús.1 El origen de la congregación está íntimamente ligado al dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854. El padre Chevalier, durante los nueve días previos a esta solemnidad, ofreció oraciones especiales a la Virgen María, prometiendo honrarla de manera particular si se cumplía su deseo de fundar una obra dedicada al Corazón de su Hijo.
En 1855, Chevalier cumplió su promesa erigiendo un santuario dedicado a Nuestra Señora del Sagrado Corazón, un título mariano que une la devoción al Sagrado Corazón con la pureza inmaculada de María. Este acto marcó el inicio formal de la misión de los MSC, cuyo lema es «Ametur ubique terrarum Cor Jesu Sacratissimum» (Que el Sacratísimo Corazón de Jesús sea amado en todas partes). La congregación se compone de sacerdotes y hermanos laicos, con el objetivo principal de fomentar la devoción al Sagrado Corazón mediante la reparación personal y comunitaria por los pecados del mundo.
Inicialmente, la casa madre se ubicó en Issoudun, en la arquidiócesis de Bourges. Sin embargo, las tensiones políticas en Francia, especialmente tras la separación entre Iglesia y Estado en 1905, obligaron a trasladar la sede central a Roma, donde se encuentra actualmente bajo la dirección de la Santa Sede.
Desarrollo y expansión
Durante las primeras décadas, la orden creció rápidamente gracias al celo misionero de su fundador. En 1864, se creó la Archicofradía Universal de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, una asociación de fieles que Chevalier impulsó para extender la espiritualidad de la congregación más allá de sus miembros. Esta archicofradía recibió numerosas indulgencias de la Santa Sede y se organizó con un gobierno central en Roma, junto a directores locales en diversos países, promoviendo la oración y la consagración al Sagrado Corazón.1
El padre Chevalier, beatificado por el Papa Pío XII en 1963 y canonizado por San Juan Pablo II en 2017 como santo, guió la orden hasta su muerte en 1907. Bajo su liderazgo, los MSC se expandieron a Oceanía, América y África, respondiendo al llamado misionero de la Iglesia. En el siglo XX, la congregación enfrentó desafíos como las persecuciones en Europa y Asia, pero su compromiso con la evangelización la llevó a establecer misiones en regiones remotas, como las islas del Pacífico y América Latina.
Hoy, los Misioneros del Sagrado Corazón cuentan con miles de miembros en más de 50 países, adaptándose a los retos contemporáneos como la secularización y las desigualdades sociales, siempre fieles a su carisma original.

