Fundación y primeros años
La Congregación del Santísimo Redentor surgió en el contexto del siglo XVIII en el sur de Italia, una región marcada por la pobreza rural y la dispersión espiritual de las comunidades campesinas. San Alfonso María de Ligorio, un abogado napolitano convertido en sacerdote, fundó la orden el 9 de noviembre de 1732 en Scala, cerca de Amalfi, con el propósito de evangelizar a los olvidados del campo napolitano.1 Influido por su experiencia en misiones y retiros, Alfonso buscaba una comunidad de sacerdotes misioneros que vivieran en comunidad y se dedicaran exclusivamente a la predicación del Evangelio a los más necesitados.
Los primeros miembros, siete en total, se instalaron en una humilde casa adyacente al convento de las monjas Redemptoristinas, que Alfonso había ayudado a reformar previamente. La regla inicial enfatizaba la imitación de las virtudes de Cristo Redentor, con votos simples de pobreza, castidad y obediencia, más un voto y juramento de perseverancia en la congregación hasta la muerte.1 Sin embargo, los inicios fueron turbulentos: disensiones internas, oposiciones políticas y la hostilidad del absolutismo borbónico en Nápoles pusieron a prueba la supervivencia de la nueva fundación. En 1749, el papa Benedicto XIV aprobó canónicamente la congregación bajo su nombre actual, aunque las tensiones con el poder real llevaron a una separación temporal de las casas napolitanas y las del Estado Pontificio en 1793, que se resolvió con la reunificación bajo el superior general Pietro Paulo Blasucci.1
Alfonso, que gobernó la orden hasta 1775, expandió rápidamente las fundaciones a localidades como Nocera, Ciorani, Iliceto y Caposele. Su enfoque en sermones sólidos, simples y persuasivos, junto con la obligación de predicar sobre la oración y la intercesión de la Virgen María en cada misión, definió el estilo apostólico redentorista.1 Además, introdujo la práctica de regresar a las parroquias misionadas después de cuatro o cinco meses para consolidar los frutos espirituales, un método que perdura hasta hoy.
Expansión europea y desafíos
El carácter internacional de la orden se consolidó en la segunda mitad del siglo XVIII gracias a figuras como San Clemente María Hofbauer, un austríaco que, junto a Thaddeus Hübl, se unió en Roma en 1785 e implantó la congregación en el norte de Europa.1 Hofbauer, apodado el «apóstol de Viena y del norte», estableció la primera casa más allá de los Alpes en Varsovia en 1786, atendiendo a comunidades germanas y polacas en medio de la pobreza postbélica. Su labor incluyó la fundación de orfanatos y escuelas para niños marginados, destacando el compromiso social de los redentoristas.2
En el siglo XIX, la congregación enfrentó graves pruebas, como la supresión de órdenes religiosas por el emperador José II en Austria y el Kulturkampf en Alemania. No obstante, creció en Bélgica (desde 1831), Holanda y el Reino Unido (1843), impulsada por conversos como Robert A. Coffin en Inglaterra.1 La reunificación total de las ramas separadas ocurrió en 1793, y en 1855, bajo el superior general Nicholas Mauron, se centralizó la gobernanza en Roma, lo que facilitó la expansión a doce provincias para 1890.1
En España, la orden llegó en el siglo XIX y floreció hasta la Guerra Civil Española (1936-1939), período en que doce redentoristas de Madrid fueron martirizados por milicianos republicanos, ofreciendo un testimonio heroico de fe.3,4 Estos mártires, pertenecientes a las comunidades del Santuario del Perpetuo Socorro y San Miguel Arcángel, fueron beatificados en 2022 por el Dicasterio para las Causas de los Santos, destacando su aceptación serena de la muerte en odio a la fe.3,4

