Fundación
La orden surgió en un contexto de renovación espiritual en la Francia postrevolucionaria, tras la supresión de las comunidades religiosas por las leyes anticlericales de 1792. Este período, conocido como la «segunda primavera» de la Iglesia en Francia, vio el renacimiento de diversas congregaciones dedicadas a la restauración de la fe católica. La idea de crear un instituto femenino centrado en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se remonta a Padre Léonor de Tournély, uno de los fundadores de los «Padres del Sagrado Corazón», un grupo de sacerdotes exiliados que buscaban revitalizar la vida religiosa en el país.1
Tournély confió su visión al Padre Joseph Varin, quien encontró en Magdalena Sofía Barat, una joven de veintidós años nacida en Joigny en 1779, la persona idónea para liderar el proyecto. Sofía Barat, influida por su hermano sacerdote Louis Barat y por la espiritualidad ignaciana, profesó sus votos el 21 de noviembre de 1800 en París, marcando así la fundación formal de la sociedad. El primer convento se estableció en Amiens en 1801, bajo la dirección de Mademoiselle Loquet, y adoptó inicialmente el nombre de «Damas de la Fe» para evitar asociaciones políticas con el partido realista de La Vendée.1
La constitución inicial de la orden se inspiró en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, adaptados a la vida femenina, con énfasis en la oración, la comunidad y el servicio educativo. En 1806, Sofía Barat fue elegida superiora general, cargo que ocupó hasta su muerte en 1865, guiando la expansión de la congregación pese a las dificultades políticas y las tensiones internas, como las derivadas de intentos de fusión con otros grupos religiosos.1
Expansión y desafíos
Durante el siglo XIX, la orden se extendió rápidamente por Europa y más allá. En 1818, se abrió la primera casa en España, en Madrid, y pronto llegó a Inglaterra, Italia y Estados Unidos. La aprobación pontificia llegó en 1826 con el reconocimiento formal por parte del Papa León XII, que designó un cardenal protector para supervisar su gobierno, independizándose así de autoridades locales variables.1
El siglo XX trajo nuevos retos, como las persecuciones en México y España durante las guerras civiles y revoluciones anticlericales. Sin embargo, la congregación demostró resiliencia, adaptándose a contextos culturales diversos. En 1925, Magdalena Sofía Barat fue beatificada por Pío XI, y canonizada en 1925, consolidando el legado fundacional. Hoy, la orden cuenta con alrededor de 2.500 religiosas en más de 1.000 comunidades, distribuidas en continentes como Europa, América, África y Asia.1
En España, la presencia de las religiosas ha sido notable desde el siglo XIX, con escuelas emblemáticas en ciudades como Barcelona y Sevilla, contribuyendo a la formación de generaciones en valores católicos durante la Restauración y el franquismo, y adaptándose a la democracia con énfasis en la educación inclusiva.
