Los hospitales para peregrinos
La peregrinación a Jerusalén exigía instituciones capaces de acoger a viajeros, pobres y enfermos. Antes de las cruzadas existían diversos hospicios vinculados a comunidades nacionales o monásticas. Entre ellos figuraba un hospital italiano relacionado con mercaderes de Amalfi, aunque aquella institución no constituía todavía la Orden de San Juan de Jerusalén.
El hospital que dio origen a los hospitalarios adquirió una identidad propia bajo la dirección de Gerardo, cuyo lugar de nacimiento y apellido no han quedado establecidos con seguridad. Una bula del papa Pascual II, fechada en 1113, lo reconoce como fundador y superior del hospicio de Jerusalén.1
La institución tenía como patrono a san Juan Bautista. Su primera misión consistía en acoger a pobres, extranjeros y peregrinos. Las donaciones recibidas en Tierra Santa y en diversos territorios europeos proporcionaron los recursos necesarios para ampliar sus edificios y organizar una comunidad estable de hospitalarios.1
Gerardo y Raimundo de Provenza
Gerardo consolidó la institución durante los primeros años del reino latino de Jerusalén. Su obra quedó vinculada a la hospitalidad cristiana y a la atención de quienes llegaban a los Santos Lugares sin recursos.
Su sucesor, Raimundo de Provenza, dirigió la transformación decisiva del hospicio. Entre 1120 y 1160 promovió la construcción de instalaciones más amplias y organizó el hospital como una verdadera enfermería. La comunidad adoptó una regla inspirada en la de san Agustín y asumió tareas concretas de asistencia médica. La regla establecía el mantenimiento permanente de médicos y cirujanos, además del servicio directo de los hermanos a los enfermos.1
Durante esta etapa, la Orden todavía no era principalmente una institución militar. Su identidad inicial correspondía a la de una comunidad religiosa hospitalaria, dedicada a la atención de los enfermos y al cuidado de los peregrinos.



