La Orden de los Servitas se originó en el contexto espiritual de la Florencia medieval, marcada por un profundo fervor mariano y las tensiones sociales de la época. En 1233, durante la fiesta de la Asunción de la Virgen María, siete jóvenes nobles de familias patricias de la ciudad experimentaron una visión colectiva que les impulsó a abandonar el mundo para dedicarse por completo a Dios. Estos hombres, que formaban parte de la Confraternidad de los Laudesi —un grupo laico devoto a la alabanza de María—, se reunieron en la iglesia para sus ejercicios espirituales cuando la Virgen les apareció, exhortándoles a retirarse del bullicio mundano y consagrarse a las realidades eternas.
Inicialmente, se instalaron cerca del convento de los Frailes Menores en La Camarzia, un suburbio de Florencia. Sin embargo, la búsqueda de mayor soledad les llevó a trasladarse a Monte Senario, a unos once kilómetros al norte de la ciudad. Allí, en otra aparición, la Virgen les entregó un hábito negro simbólico de sus dolores en la Cruz, junto con la Regla de San Agustín, y les designó como sus «Siervos». Este evento, ocurrido el 13 de abril de 1240, marca el nacimiento formal de la orden. El hábito negro, con su sencillez austera, recordaba el luto de María al pie de la Cruz, y la regla agustiniana proporcionaba un marco para su vida comunitaria, enfatizando la pobreza, la castidad y la obediencia.
Los fundadores adoptaron un estilo de vida penitente e intenso, combinando oración, ayuno y trabajo manual. Su superior inicial fue Buonfiglio dei Monaldi, quien guió al grupo en sus primeros años. La orden se expandió rápidamente, estableciendo su primera rama en Cafaggio, fuera de las murallas de Florencia, y atrayendo a nuevos miembros pese a las resistencias iniciales.
Los Siete Fundadores
Los siete fundadores, canonizados colectivamente por el papa León XIII en 1887, representan un modelo de conversión radical y devoción mariana. Eran:
Buonfiglio dei Monaldi (Bonfilius): El mayor y primer superior, conocido por su liderazgo sabio. Murió en 1257 durante una conferencia a sus hermanos.
Giovanni di Buonagiunta (Bonajuncta): El más joven, falleció poco después de ser elegido segundo prior general, mientras se leía el Evangelio de la Pasión.
Bartolomeo degli Amidei (Amideus): Destacado por su humildad y oración contemplativa.
Ricovero dei Lippi-Ugguccioni (Hugh): Envió misioneros a Asia y fundó conventos en Alemania; murió en 1283.
Benedetto dell’Antella (Manettus): Cuarto prior general, impulsó la expansión y falleció en brazos de San Felipe Benizi.
Gherardino di Sostegno (Sosteneus): Estableció presencia en París y murió junto a Hugh en 1276.
Alessio de' Falconieri (Alexius): Hermano lego humilde, vivió hasta los 110 años y fue el único que vio la aprobación papal definitiva en 1304.
Estos hombres, de origen acomodado, renunciaron a sus bienes en un «Acto de Pobreza» en Monte Senario, inspirados en la simplicidad evangélica. Su vida austera —con ayunos prolongados y penitencias— atrajo admiración, pero también críticas por su rigor excesivo, lo que les llevó a moderar su regla bajo consejo episcopal.1,2,3
