Fundación
La Sociedad del Verbo Divino surgió en un contexto de tensiones religiosas en Europa, particularmente durante el Kulturkampf en Alemania, una política anticatólica impulsada por Otto von Bismarck en la década de 1870. Arnold Janssen, un sacerdote diocesano de Münster nacido en 1837 en Goch, Renania, sintió un llamado profundo a la misión universal de la Iglesia. Tras años de trabajo pastoral y enseñanza de ciencias naturales, Janssen identificó la necesidad de formar misioneros alemanes para evangelizar tierras paganas, especialmente en Asia y África, donde la presencia católica era escasa.
El 8 de septiembre de 1875, con el apoyo de varios obispos locales, Janssen inauguró una casa misionaria en Steyl, un pequeño pueblo cerca de Tegelen en los Países Bajos, para evitar las restricciones prusianas. Esta humilde fundación marcó el nacimiento de la sociedad, inicialmente concebida como un centro de formación para sacerdotes destinados a las misiones extranjeras. Janssen, junto con cuatro compañeros, se consagró a la oración y al estudio, inspirado en el mandato evangélico de predicar el Evangelio a todas las criaturas (Mc 16,15). La tipografía establecida poco después jugó un rol crucial, al publicar revistas y materiales que atrajeron vocaciones y fondos de laicos devotos en los países de habla alemana.1,2
Expansión inicial
Los primeros frutos llegaron rápidamente. El 2 de marzo de 1879, dos misioneros de la sociedad partieron hacia China, uno de ellos el beato Joseph Freinademetz, quien se convertiría en un pionero de la evangelización en Shandong. La primera misión formal se estableció en el sur de Shandong en 1882, un vasto territorio con apenas unos cientos de católicos entre millones de habitantes no cristianos. A pesar de desafíos como persecuciones y enfermedades, la sociedad creció, incorporando hermanos laicos desde sus inicios para apoyar las labores prácticas y educativas.
En 1892, se abrió una misión en Togo, África Occidental, donde la presencia católica era casi nula. Posteriormente, en 1896, los misioneros llegaron a Nueva Guinea Alemana, enfrentando lenguas diversas y condiciones hostiles. Estas iniciativas reflejaban el espíritu fundacional: una comunidad de sacerdotes y hermanos unidos por los votos de pobreza, castidad y obediencia, con énfasis en la adaptación cultural y el respeto a las tradiciones locales.3 Para 1909, año de la muerte de Janssen, la sociedad ya contaba con misiones en América del Sur, como Argentina y Brasil, y una red de casas formativas en Europa.
Siglo XX y desarrollo contemporáneo
El siglo XX vio un auge extraordinario de la Sociedad del Verbo Divino, impulsado por el apoyo de la Iglesia y el aumento de vocaciones. En 1909, al fallecer Janssen, la congregación tenía presencia en varios continentes, con miles de laicos colaborando en la animación misionera. La canonización de Janssen en 2003 por el papa Juan Pablo II, junto con Freinademetz, reconoció su legado como apóstol incansable del Evangelio.4
Durante el pontificado de Juan Pablo II, la sociedad experimentó un crecimiento notable. En 1988, se ordenaron 117 misioneros nuevos, con vocaciones fuertes en Polonia, India, Indonesia y Filipinas, reflejando la diversidad cultural de la Iglesia.5 Para el año 2000, durante el Jubileo, la SVD celebró su 125 aniversario con más de sesenta nacionalidades entre sus miembros, operando en más de sesenta países. Sus actividades se extendieron a la antigua Unión Soviética, África subsahariana y Asia, incorporando el uso de nuevos medios de comunicación para la evangelización, como lo exhortaba la encíclica Redemptoris Missio.1
En la actualidad, la sociedad sigue adaptándose a los desafíos globales, como la secularización en Occidente y el crecimiento en el Sur global. En 2003, se reportaban más de 6.000 misioneros en 63 países, un testimonio de su vitalidad.2 La SVD ha contribuido significativamente al apostolado bíblico mediante publicaciones y centros educativos, así como a la promoción de la justicia, la paz y el desarrollo social, siempre en comunión con la doctrina eclesial.
