La forma laical original
La Compañía fundada por santa Ángela no nació como una orden monástica sometida a clausura. Sus integrantes eran mujeres consagradas que permanecían en sus ambientes familiares, sin vida conventual común obligatoria y sin el hábito religioso tradicional. Esta forma respondía tanto al proyecto espiritual de la fundadora como a la necesidad de llevar la educación cristiana directamente a las niñas y a sus familias.,
La Compañía recibió aprobación pontificia durante el pontificado de Paulo III. La aprobación permitió que su actividad superara el ámbito estrictamente local y contribuyó a consolidar jurídicamente una institución todavía distinta de las órdenes monásticas tradicionales.,
La Regla de san Agustín pasó a formar parte de su marco normativo. Sin embargo, la aprobación inicial dejó algunos aspectos sin una regulación uniforme. Esta circunstancia favoreció la aparición de comunidades con diferencias en el vestido, la organización, las costumbres y el grado de vida común.
La introducción de la clausura
La evolución posterior no siguió una única dirección. En algunos lugares, la autoridad eclesiástica consideró conveniente transformar la Compañía en una comunidad conventual con clausura. La intervención de san Carlos Borromeo, arzobispo de Milán, resultó decisiva en este proceso: en 1572 obtuvo para las Ursulinas de su ámbito una condición monástica con clausura.
La clausura borromea no debe confundirse con la fundación original de santa Ángela. La primera Compañía había nacido precisamente para que las mujeres consagradas pudieran trabajar fuera del claustro. La adaptación promovida por san Carlos respondió a la disciplina eclesial y a las necesidades pastorales de la reforma católica posterior al Concilio de Trento, pero modificó significativamente la forma de vida inicial.
A partir de entonces coexistieron dos grandes modelos:
- Las comunidades ursulinas en régimen de clausura, organizadas como monasterios y dedicadas principalmente a la educación desde el interior de sus conventos.
- Las compañías y congregaciones no claustrales, que conservaron una presencia más directa en escuelas, parroquias, misiones y obras sociales.
Algunos conventos europeos, así como comunidades establecidas en Canadá y Cuba, conservaron una clausura estricta; otras casas adaptaron dicha disciplina a las condiciones locales.
Diversificación institucional
La expansión geográfica produjo una progresiva diversificación. Cada casa podía conservar un amplio margen de autonomía, y con el tiempo aparecieron congregaciones ursulinas con constituciones, hábitos, estructuras de gobierno y normas propias. La denominación común no implicaba una unidad jurídica semejante a la de una orden centralizada.
Por esta razón, la expresión Orden de Ursulinas posee un sentido histórico y espiritual más amplio que estrictamente canónico. Designa una familia de instituciones relacionadas con el carisma de santa Ángela, pero no una única entidad religiosa universal con un solo gobierno general.
La evolución de la vida religiosa femenina entre los siglos XVI y XIX también influyó en esta transformación. Las dificultades jurídicas que durante mucho tiempo afectaron a las comunidades femeninas con votos simples favorecieron la existencia de asociaciones, congregaciones diocesanas, monasterios y formas de vida consagrada con distintos grados de reconocimiento eclesial. La legislación pontificia posterior permitió una clasificación más estable entre congregaciones sometidas a la autoridad diocesana y congregaciones de derecho pontificio.