La Orden de Calatrava nació en 1158, durante el reinado de Sancho III de Castilla. Su creación respondió a la necesidad de proteger la fortaleza de Calatrava, enclave estratégico situado en la frontera entre los dominios cristianos y musulmanes. La defensa quedó confiada al abad Raimundo de Fitero y a los monjes del monasterio cisterciense de Fitero, que organizaron una comunidad religiosa con funciones militares.1
La nueva institución combinó dos dimensiones:
- La vida religiosa, inspirada en la observancia cisterciense.
- La actividad militar, orientada a la defensa de la cristiandad y de los territorios castellanos.
El modelo de Calatrava pertenecía a una forma característica de la Europa medieval: las órdenes militares. Sus miembros no eran simplemente soldados al servicio de un monarca, sino religiosos vinculados a una regla, a una autoridad superior y a una misión espiritual. La defensa armada debía entenderse como un servicio a la fe y a la población cristiana.





