La devoción a Santiago y la Reconquista
La orden tomó su nombre de Santiago el Mayor, apóstol y patrono de España. Desde el siglo IX, la devoción compostelana impulsó la peregrinación hacia Santiago de Compostela y vinculó la figura del apóstol con la defensa militar de los reinos cristianos frente a los poderes musulmanes de la península. La tradición representaba a Santiago como protector de los combatientes cristianos y bajo su advocación surgieron iniciativas religiosas destinadas a proteger los caminos y los lugares de culto.1,2
Durante el siglo XII, los caminos que conducían a Compostela atravesaban territorios inseguros y zonas próximas a la frontera. Los peregrinos necesitaban alojamiento, asistencia religiosa y protección armada. En ese contexto apareció una institución que no respondía exclusivamente al modelo de monasterio ni al de ejército feudal: la nueva orden integró funciones militares, religiosas y hospitalarias.1
León y Uclés
Los orígenes de la Orden de Santiago presentan una tradición histórica compleja. León y Uclés, en Castilla, reivindicaron el nacimiento y la sede principal de la institución. La división dinástica entre los reinos de León y Castilla favoreció esta disputa, pues ambos monarcas concedieron propiedades a los caballeros con la condición de que la sede de la orden permaneciera dentro de sus respectivos dominios.1
La cuestión quedó resuelta en 1230, cuando Fernando III el Santo unió las coronas de Castilla y León. Desde entonces, Uclés, situado en la actual provincia de Cuenca, adquirió el carácter de sede principal. Allí residía habitualmente el maestre, cumplían los aspirantes su periodo de prueba y permanecían los archivos de la orden hasta su traslado al Archivo Histórico Nacional de Madrid en 1869.1
Los primeros caballeros
La tradición histórica relaciona la fundación de la orden con un grupo de caballeros que prometió proteger a los peregrinos compostelanos. Estos caballeros recibieron el apoyo de los canónigos regulares de San Eloy de León, vinculados a la atención de los peregrinos y de los hospitales situados en los caminos de Santiago. La colaboración entre ambos grupos dio origen a una institución de naturaleza mixta.1,2
La fecha de fundación suele situarse en torno a 1170, aunque la evolución institucional de la orden ocupó varios años. La documentación pontificia y regia permitió consolidar progresivamente su personalidad jurídica, sus bienes y su organización interna.2





