Fundación
La Orden Oblata del Sagrado Corazón surgió en el contexto de la Italia de entreguerras, en la diócesis de Mileto-Nicotera-Tropea, en la región de Calabria. Su origen se remonta a la labor pastoral del sacerdote Don Francesco Mottola, nacido en 1901 en Tropea, quien desde joven mostró una profunda devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Mottola, ordenado sacerdote en 1923, sintió la llamada a formar un grupo de fieles que vivieran una consagración radical en el mundo, sin apartarse de sus estados de vida ordinarios. En 1938, fundó formalmente el instituto, inspirado en la idea de la «oblatio» o donación total, que él mismo practicaba mediante una intensa vida de oración y servicio.
El fundador, dotado de una personalidad vivaz y sensible, cultivó desde sus años de formación sacerdotal una ascética exigente, centrada en el abandono absoluto en el Corazón de Jesús. Esta espiritualidad se reflejó en la regla de vida que Mottola escribió para sus primeros seguidores, enfatizando la eucaristía como centro de la oblación y el equilibrio entre contemplación y acción. La fundación inicial se desarrolló en el entorno parroquial de Tropea, donde Mottola reunió a laicos comprometidos en la oración y el apostolado, respondiendo a las necesidades espirituales y sociales de una región marcada por la pobreza y el aislamiento.
Desarrollo y expansión
Durante las décadas siguientes, la orden creció modestamente, adaptándose a las circunstancias históricas, incluyendo la Segunda Guerra Mundial y la posguerra. Mottola, que sufrió una larga enfermedad desde 1949 hasta su muerte en 1961, vivió su propio calvario como testimonio de oblación, lo que inspiró a sus seguidores a perseverar. Tras su fallecimiento, el instituto obtuvo el reconocimiento diocesano y, progresivamente, la aprobación eclesial a nivel superior.
En 2001, con motivo del centenario del nacimiento de Mottola, el papa Juan Pablo II se dirigió a los miembros de la orden, destacando su herencia espiritual y animándolos a profundizar en el carisma fundacional.1 Este evento marcó un impulso para la expansión, con la creación de nuevas comunidades en Italia y misiones en otros países. Hoy, la orden mantiene una presencia activa en Europa y América Latina, enfocada en iniciativas pastorales que integran la oración contemplativa con el compromiso social.
