Orígenes en el Renacimiento romano
La Orden Oratoriana surgió en el contexto de la Contrarreforma, un período de revitalización espiritual en la Iglesia católica frente a los desafíos de la Reforma protestante. San Felipe Neri, nacido en Florencia en 1515 y fallecido en Roma en 1595, llegó a la Ciudad Eterna como un joven peregrino en 1533. Inicialmente, se dedicó a obras de caridad con los pobres y peregrinos, fundando en 1548 una confraternidad laica en la iglesia de San Salvador in Campo para promover ejercicios espirituales y la devoción de las Cuarenta Horas ante el Santísimo Sacramento.1 Su enfoque en la humildad y la penitencia interior atrajo a numerosos fieles, especialmente jóvenes, que buscaban una espiritualidad viva y accesible.
En 1551, Felipe Neri recibió la ordenación sacerdotal y se instaló en la iglesia de San Girolamo della Carità, donde comenzó a organizar reuniones informales de oración y discusión bíblica. Estas sesiones, celebradas en un pequeño oratorio construido sobre una nave de la iglesia, incluían lecturas espirituales, himnos y meditaciones, atrayendo a clérigos y laicos de todos los rangos sociales. El término «oratorio» deriva de estos espacios dedicados a la oración y la predicación, diferenciándose de las órdenes religiosas tradicionales por su carácter secular y sin votos perpetuos.2 Felipe enfatizaba la alegría cristiana, ganándose el apodo de «el santo de la alegría» o «el profeta de la alegría cristiana», y utilizaba métodos pedagógicos simples, como anécdotas y música, para catequizar.3
Fundación formal y expansión inicial
La congregación propiamente dicha se consolidó en 1575, cuando el papa Gregorio XIII la erigió canónicamente mediante la bula Copiosus in misericordia. Este documento aprobó la comunidad de sacerdotes seculares viviendo en obediencia mutua, pero sin votos, centrados en la oración, los sacramentos y la predicación.4 La casa madre se estableció en la iglesia de Santa Maria in Vallicella, reconstruida como Chiesa Nuova, que se convirtió en el núcleo del Oratorio romano. Felipe Neri, como superior, insistió en que la propiedad de la comunidad perteneciera a la minoría que no deseara votos, preservando así la libertad secular de sus miembros.1
Durante el siglo XVI y XVII, el Oratorio se expandió rápidamente por Italia, España, Portugal y otros países europeos. En Nápoles, el beato Sebastián Valfré fundó una casa en 1572, convirtiéndose en el «Apóstol de Turín». En España, las primeras comunidades surgieron en el siglo XVII, influenciadas por el modelo filipense de apostolado urbano.1 La congregación enfrentó supresiones durante las invasiones napoleónicas y en 1869, pero se recuperó en el siglo XIX, extendiéndose a América del Sur, India y otros continentes gracias a misioneros como Giuseppe de Vaz en Ceilán (actual Sri Lanka).1
En el siglo XIX, el beato John Henry Newman introdujo el Oratorio en Inglaterra en 1847, fundando la casa de Edgbaston en Birmingham. Newman, convertido del anglicanismo, vio en el Oratorio un «camino medio» entre la vida religiosa y el clero diocesano, enfatizando la santidad sacerdotal a través de la oración comunitaria y el estudio.5

