La Orden Sulpiciana surgió en el contexto de la Contrarreforma, cuando la Iglesia Católica buscaba revitalizar la formación del clero tras las divisiones provocadas por la Reforma protestante. Jean-Jacques Olier de Nanteuil, un sacerdote francés visionario, fundó la sociedad en 1642 en París, con el propósito específico de proporcionar directores capacitados para los seminarios que él mismo había establecido. Olier, influido por la espiritualidad de la Escuela Francesa —que incluía figuras como San Vicente de Paúl y San Juan Eudes—, aspiraba a crear un modelo de sacerdocio centrado en la imitación de Cristo y la santidad personal.1
Tras la muerte de Olier en 1657, la sociedad recibió la aprobación tanto de las autoridades eclesiásticas como civiles, consolidándose rápidamente. Se inauguraron seminarios en París y en provincias como Viviers, Le Puy y Clermont, donde los jóvenes eclesiásticos no solo recibían formación en ciencias eclesiásticas, sino también en virtudes sacerdotales a través de ejemplos cotidianos. Un noviciado conocido como la «Solitude» se estableció para reclutar y formar a los directores de estos centros, enfatizando la oración mental y las prácticas cristianas.1
La constitución formal de la sociedad fue redactada por Alexandre Le Ragois de Bretonvilliers, sucesor de Olier, quien obtuvo la aprobación del cardenal Chigi —legado de Alejandro VII— en el mismo año de 1657. Este documento delineaba el objetivo principal: trabajar en dependencia directa de los obispos para la educación y perfección de los eclesiásticos, abarcando filosofía, teología, liturgia y, sobre todo, la oración y las virtudes evangélicas.1
