El Ordinario de la Misa (en latín, Ordinarium Missae) es el conjunto de textos y ritos que permanecen inalterables en cada celebración eucarística, independientemente del tiempo litúrgico o de la fiesta que se conmemore1. Estos elementos constituyen la estructura básica de la Misa.
Partes del Ordinario de la Misa
Las partes que componen el Ordinario de la Misa son las siguientes:
Gloria in excelsis Deo (Gloria): Un himno de alabanza a la Santísima Trinidad, que se canta en días festivos y solemnidades, excepto durante el Adviento y la Cuaresma1.
Credo: La profesión de fe, que puede ser el Credo Niceno-Constantinopolitano o el Credo de los Apóstoles. Es preferible que sea cantado por toda la congregación2.
Sanctus y Benedictus: El Sanctus es una aclamación que concluye el Prefacio de la Plegaria Eucarística y normalmente es cantado por toda la congregación junto con el sacerdote1,2. El Benedictus, que sigue al Sanctus, es una aclamación de alabanza.
Agnus Dei (Cordero de Dios): Una invocación que se repite durante la fracción del pan y que el pueblo debe participar, al menos en la invocación final1,2.
Estos textos del Ordinario, cuando son cantados con arreglos musicales para varias voces, pueden ser interpretados por el coro, siempre que no se excluya completamente la participación del pueblo2. En otros casos, las partes del Ordinario pueden dividirse entre el coro y el pueblo, o incluso entre dos secciones del pueblo, alternando por versos o dividiendo el texto en secciones más grandes2.
Distinción entre Ordinario y Propio
La Misa católica se compone de un marco inmutable (el Ordinario) en el que se insertan oraciones, lecturas y cantos variables (el Propio del día)1. El Propio incluye elementos como el Introito, el Gradual, el Aleluya, la Secuencia, el Ofertorio y la Comunión1,3. También comprende las lecturas (Epístola, Evangelio y, a veces, del Antiguo Testamento) y las oraciones del celebrante (Colecta, Secreta y Postcomunión)1.
Además de estos, existen elementos que ocupan un lugar intermedio, como el Prefacio y algunas cláusulas del Canon, que aunque varían, no lo hacen con la misma frecuencia que el Propio1. Por ejemplo, hay once prefacios, diez especiales y uno común, que se insertan en el Ordinario y deben ser elegidos según las rúbricas1.
