Orígenes patrísticos
Desde los primeros siglos de la Iglesia, los textos patrísticos relatan la presencia de mujeres consagradas que vivían en continencia como signo de la esposa de Cristo, recibiendo el epíteto de sponsae Christi (esposas de Cristo)2. En la Edad Media, la tendencia a agrupar a estas mujeres en monasterios hizo que su carisma quedara asociado al monacato cloisterado, diluyendo la dimensión comunitaria original1.
Restauración del siglo XX
El Concilio Vaticano II impulsó una renovación que llevó a la restitución del rito antiguo de la consecración de vírgenes bajo la autoridad episcopal. En 1970, el Papa Pablo VI promulgó el Ordo Consecrationis Virginum, permitiendo que las mujeres se consagraran permaneciendo en su vida cotidiana1. Desde entonces, el número de consagradas ha crecido a más de cinco mil en todo el mundo, y la Iglesia ha reconocido la necesidad de normas específicas para su vida y pastoralidad1.
