Revelación, Escritura y Tradición
La Iglesia católica recibe la revelación divina como un único depósito confiado por Cristo a los apóstoles. La Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición forman conjuntamente ese depósito, mientras que el magisterio de la Iglesia posee la misión de interpretarlo auténticamente. Escritura, Tradición y magisterio permanecen inseparablemente unidos en la transmisión de la fe.
La Tradición no consiste en la repetición mecánica de costumbres antiguas. Constituye la vida viva de la Iglesia que escucha, conserva, celebra y anuncia la Palabra de Dios a lo largo de las generaciones. La Escritura nace en el seno de esa Tradición y continúa leyéndose dentro de la comunidad apostólica, bajo la acción del Espíritu Santo.
La ortodoxia exige, por tanto, fidelidad a la totalidad de la fe revelada. La Iglesia proclama esa fe mediante la predicación, los símbolos, las definiciones conciliares, las enseñanzas pontificias, la catequesis y la vida litúrgica. La revelación encuentra expresión en la Sagrada Escritura, en la Tradición apostólica y en las decisiones de los concilios ecuménicos legítimos y de los papas.
La función del dogma
El dogma es una formulación doctrinal mediante la cual la Iglesia propone de manera vinculante una verdad contenida en la revelación o necesariamente relacionada con ella. El dogma no pretende agotar el misterio divino, sino proteger su verdad y ofrecer un lenguaje común para la fe de la Iglesia.
La formulación dogmática puede adquirir expresiones nuevas en contextos históricos diferentes, pero debe conservar el contenido esencial de la fe recibida. Las diversas escuelas teológicas católicas pueden emplear conceptos y métodos distintos sin romper la unidad doctrinal de la Iglesia, siempre que permanezcan fieles a la revelación y a sus formulaciones fundamentales.
La ortodoxia permite distinguir entre:
- Dogma, que obliga a la fe de la Iglesia.
- Doctrina autorizada, que requiere una adhesión proporcionada a su grado de autoridad.
- Opinión teológica, que puede admitir diversas explicaciones legítimas.
- Error teológico, que contiene una comprensión deficiente o equivocada sin constituir necesariamente herejía.
- Herejía, que implica la negación pertinaz de una verdad que la Iglesia propone como obligatoria para la fe.
Esta distinción evita confundir toda discrepancia teológica con una ruptura de la fe. La historia de la teología católica muestra la existencia de escuelas diversas -agustiniana, tomista, escotista, bonaventuriana, suareciana y otras- dentro de una misma comunión eclesial.