La Iglesia muestra un cuidado y devoción particular por las reliquias de los santos. Las reliquias, que provienen del latín reliquiae (lo que queda), se refieren a objetos, especialmente partes del cuerpo o la vestimenta, que quedan como recuerdo de un santo difunto. La veneración de las reliquias es un instinto primitivo presente en muchas religiones, y en el cristianismo, ha existido casi desde sus inicios,.
Los osarios, en un sentido más amplio, pueden considerarse como un tipo de relicario cuando contienen los restos de santos. Los relicarios son cualquier caja, cofre o santuario destinado a la recepción de reliquias. En los primeros siglos, los nombres utilizados para estos recipientes (como capsa, capsella, theca, pyxis, arca) eran generales y también designaban contenedores para la Eucaristía, los óleos sagrados y otros objetos piadosos. Sin embargo, la tradición ha llevado a que los osarios sirvan para albergar los restos de los bienaventurados y los santos, los cuales son considerados reliquias significativas.
Tipos de Reliquias y su Preservación
Las reliquias se clasifican en significativas y no significativas.
Reliquias significativas: Incluyen el cuerpo de los bienaventurados y de los santos, partes notables de sus cuerpos, o la totalidad de las cenizas obtenidas por su cremación. Estas reliquias deben conservarse en urnas debidamente selladas y en lugares que garanticen su seguridad, respeten su carácter sagrado y fomenten su culto.
Reliquias no significativas: Son pequeños fragmentos del cuerpo de los bienaventurados y de los santos, así como objetos que han estado en contacto directo con su persona. Si es posible, deben conservarse en estuches sellados y ser honradas con espíritu religioso, evitando la superstición y el comercio ilícito.
La autenticidad de las reliquias debe ser garantizada por un certificado de la autoridad eclesiástica.
Relicarios en Altares
Una cavidad en el cuerpo de un altar, conocida como sepulchrum, está destinada a contener reliquias. Según el Pontificale Romanum, deben colocarse las reliquias de dos mártires canonizados, aunque la Congregación para los Ritos Sagrados ha determinado que la reliquia de un solo mártir es suficiente para la validez de la consagración. A estas pueden añadirse reliquias de otros santos, especialmente aquellos en cuyo honor se consagra la iglesia o el altar. Estas reliquias deben ser partes reales del cuerpo de los santos y estar autenticadas.