Los Padres conciliares desempeñan un papel crucial en la vida y misión de la Iglesia, especialmente en el contexto de un concilio ecuménico.
Autoridad y Magisterio
La autoridad de los obispos, como Padres conciliares, es manifiesta y su oficio es grave en cada Concilio Ecuménico. Reunidos en concilio, bajo la presidencia del sucesor de Pedro, señalan el sentido de la renovación que necesita el tiempo presente,. El Concilio recibe sus directrices generales del Papa, quien lo convoca, y a los obispos les corresponde tutelar su libre desarrollo según estas normas.
Los Padres conciliares tienen la tarea de proponer, discutir y preparar las sagradas deliberaciones, y finalmente, suscribirlas junto con el Sumo Pastor. Las definiciones de fe proporcionadas por los Concilios Ecuménicos adquieren el estatus de dogmas y se convierten en enseñanzas inmutables de la Iglesia. A través de estos dogmas, los Padres delimitan la verdadera profesión de los Misterios de Dios, defendiendo la Tradición de interpretaciones erróneas. El Papa, como cabeza del colegio de obispos, aprueba de forma oficial y definitiva los decretos, que asumen el valor y la fuerza de ley.
El Magisterio de la Iglesia, ejercido por el Papa y los obispos en unión con él, es el instrumento del Espíritu Santo para garantizar la transmisión fiel de la palabra de Dios,. Cuando los obispos, reunidos en un concilio ecuménico o dispersos por el mundo en comunión con el Papa, concuerdan en que una enseñanza particular sobre fe o moral «debe ser sostenida definitiva y absolutamente», enseñan infaliblemente.
Participación y Diversidad
La participación en los concilios ecuménicos es amplia y diversa. Por ejemplo, en el Concilio Vaticano II, participaron 2860 Padres en representación de Iglesias de todas partes del mundo. Además de los obispos, otras Iglesias cristianas y Comuniones eclesiales enviaron observadores, y hubo una presencia significativa de laicos católicos como «auditores» y «auditrices»,. Una vasta cantidad de expertos, aproximadamente 400 teólogos, contribuyó válidamente al análisis de los problemas y a la elaboración de los documentos.
Esta diversidad de nacionalidades y lenguas, unida a la certeza de que todos obran en un solo y idéntico Espíritu, inspira confianza en el trabajo conciliar. La presencia de los obispos de todo el mundo expresa la variedad y universalidad del pueblo de Dios, así como la unidad del rebaño de Cristo bajo una sola cabeza.