Evangelización parroquial
Desde sus primeros tiempos, los Padres Maristas atendieron parroquias y comunidades cristianas, especialmente en lugares rurales o con escasez de sacerdotes. La predicación, la catequesis, la celebración de los sacramentos y la formación de los fieles formaron parte de su actividad ordinaria.
El apostolado parroquial no constituye para la Sociedad de María una tarea puramente administrativa. Pretende formar comunidades capaces de vivir la fe, sostener las vocaciones locales y anunciar el Evangelio a quienes permanecen alejados de la Iglesia.
Educación cristiana
La educación ocupa un lugar relevante en la tradición marista. Los miembros de la Familia Marista participaron en escuelas, colegios, seminarios y obras de formación. Juan Pablo II recordó la contribución histórica de los institutos maristas a la educación de la juventud y pidió mantener esta prioridad misionera.
La Sociedad de María dirige o ha dirigido centros educativos y seminarios, mientras que los Hermanos Maristas de las Escuelas recibieron una misión específicamente centrada en la enseñanza. Esta diferencia evita atribuir a los Padres Maristas la estructura y el carisma propio de los Hermanos Maristas.
Atención a los jóvenes
La preocupación por la juventud pertenece a la tradición común de la Familia Marista. San Marcelino Champagnat respondió a la ignorancia religiosa y al abandono que afectaban a muchos jóvenes de su tiempo, y promovió una educación humana, moral y espiritual integral.
Juan Pablo II presentó a Champagnat como modelo para padres y educadores, especialmente por su capacidad de mirar a los jóvenes con esperanza y amarlos de modo que pudieran crecer humana, moral y espiritualmente.
Los Padres Maristas participan en esta misión mediante la enseñanza, la dirección espiritual, la pastoral juvenil, la predicación y el acompañamiento vocacional.
Misiones
La expansión misionera constituye uno de los rasgos más característicos de la Sociedad de María. La Santa Sede vinculó pronto a los Padres Maristas con la evangelización de Oceanía occidental, territorio que comprendía numerosas islas del Pacífico y regiones de Nueva Zelanda, Melanesia y Polinesia.
Los primeros misioneros maristas trabajaron bajo la autoridad de los vicarios apostólicos y en colaboración con clero local, religiosos y laicos. La misión incluyó la predicación, la catequesis, la organización de comunidades cristianas, la educación y la preparación de vocaciones autóctonas.
Juan Pablo II reconoció la aportación de toda la Familia Marista a la proclamación del Evangelio en Oceanía occidental y destacó su preocupación por la formación cristiana y por el fomento de las vocaciones locales.